jueves, 29 de abril de 2021

Lección 3 del libro "La Vía del Corazón", Jeshua Ben Joseph (La Vía de la Maestría I)

 Ahora, comenzamos.

1. Y efectivamente, una vez más, saludos, queridos y santos amigos. Al hablar en el lenguaje de vuestro mundo, no puedo encontrar palabras que puedan transmitir el Amor que siento por vosotros. No puedo encontrar palabras que puedan transmitir el Amor que siento que Dios tiene por todos nosotros.

2. Si busco entre los lenguajes de vuestro mundo, no puedo encontrar un solo concepto, una sola palabra, una sola idea, filosofía o dogma que pueda contener, en Verdad, el Misterio que está más cerca de vosotros que vuestro propio aliento, y que aguarda a vuestro descubrimiento.

3. Si busco por toda la creación, si busco por las muchas mansiones que existen en los dominios de la Creación de mi Padre –que es infinita–, por mucho que lo intente no puedo descubrir nada que realmente pueda describirte a ti. No puedo encontrar nada que sea más valioso que tú. En Verdad, no puedo descubrir nada que hable más elocuentemente sobre el Amor que Dios es, que tu propia existencia. Por tanto, en Verdad, te contemplo constantemente, y me maravillo ante el Esplendor del Amor de mi Padre.

4. Es entonces a través de ti como alcanzo a descubrir todo lo que Dios es. Y como hombre, cuando caminé por vuestro plano, comencé a constatar que el mayor regalo que alguna vez pudiera recibir, solo me podría llegar cuando eligiera entregar cualquier percepción que yo pudiera inventarme sobre ti, mi hermano o hermana, y que pudiera velar la Verdad que es cierta siempre acerca de ti.

5. Cuando tenía nueve años comencé a despertar justo a esto que te estoy describiendo ahora. Y cuando mi padre quiso que me sentara con los ancianos, y cuando me leía la Torah, comencé a ser compelido por algo interior. Algo me empezó a decir que, bajo todas aquellas percepciones que yo pudiera crear acerca de otro, había algo Esplendoroso y Brillante esperando a ser descubierto.

Comencé a sentirme muy diferente de mis compañeros. Comencé a preocuparme por las cosas interiores. Y cuando oía hablar a los ancianos a menudo sentía como si hubiera sido arrastrado muy lejos de donde me encontraba. Y me llegaban imágenes, me llegaban pensamientos y sentimientos que no comprendía ni había asimilado en mi ser.

6. Pero algo comenzó a impulsarme. ¿Cómo podría descubrir el modo de ver solamente ese Brillante Esplendor? ¿Me sería posible ver a mis hermanos tal y como mi Padre contempla a Sus Hijos? Y, en Verdad, descubrí que la manera de ver con los Ojos de Cristo comienza con la aceptación de que yo, como creador, creado a imagen de Dios, realmente, literalmente, elijo cada experiencia y la atraigo hacia mí; que yo creo los velos mediante los cuales veo la Creación.

7. Y comencé a cambiar de marcha suavemente. Comencé incluso a ser visto como alguien que se estaba rebelando contra las enseñanzas de mis ancianos maestros esenios. Porque comencé a apartarme de la lucha por llegar a Dios, de la lucha por la perfección, y a cultivar en mí mismo el proceso de permitir.

8. Descubrí que si contemplaba mis percepciones, mis sentimientos, mi comportamiento, tal y como exactamente eran, sin ensombrecerlos con mis propias interpretaciones –que si podía enseñarme a mí mismo a acoger las cosas con inocencia–, entonces los velos comenzarían a ser disueltos en mi mente.

9. Pues cuando tenía nueve años ya había aprendido a tener miedo a pensar, a hablar, a actuar de alguna manera que no estuviera en conformidad con la sabiduría prevaleciente en ese tiempo, incluso dentro de la comunidad esenia, que ya había devenido bastante rígida. Ya había mucho dogma. Y el dogma siempre conduce a la riña.

10. Comencé a descubrir que si contemplaba con inocencia todas las cosas, entonces, a través de ellas, comenzaba a brillar una Luz. Y que cuanto más permanecía en esta inocencia, más la Luz brillaba.

11. Y al crecer, comencé a descubrir que los viejos maestros que hablaban de la necesidad de “perdonar setenta veces siete” sabían algo muy profundo, y algo que se había incluso perdido en la tradición – en las tradiciones judía y esenia de mis días–. Pues como ves, perdonar significa “elegir liberar al otro de las percepciones que has estado proyectando sobre él”. Se trata por tanto del acto de perdonarse uno mismo sus propias proyecciones.

12. A medida que comenzamos a perdonar, incluso hasta setenta veces siete, cada vez que perdonáis, os lleváis a vosotros mismos más y más profundo hacia la pureza de vuestra propia consciencia. Comenzáis a entender cuán profundamente habéis estado coloreando, y por tanto afectando, a todas vuestras relaciones mediante el simple acto de no ser conscientes del poder de la proyección.

13. Por tanto, aprendí –y lo aprendí bien– que el perdón es una clave esencial en la sanación. Lo contrario del perdón es el juicio, y el juicio siempre crea separación y culpa. El juicio evocará una sensación de culpa en aquel que haya sido juzgado, a no ser que, por supuesto, esté perfectamente despierto. Pero, más que esto, cada vez que tú juzgas algo o a alguien, literalmente habrás suscitado culpa dentro de ti mismo, ya que hay un lugar en tu interior, aún presente, que reconoce la perfecta pureza de tu hermano, y que ve muy claramente que todas las cosas en el ámbito humano son o bien extensión de Amor, o bien una petición de ayuda y sanación.

14. Por tanto, querido amigo, cuando juzgas, te has ido fuera del alineamiento con respecto a la verdad. Has decretado que los inocentes no lo son. Y si juzgas a otro y lo ves como alguien que no es inocente, en ese mismo instante habrás declarado, para ti mismo, que eso es también cierto sobre ti. Por tanto, la práctica del perdón realmente cultiva la cualidad de la consciencia en la cual finalmente llegas a perdonarte a ti mismo. Y son los perdonados, ciertamente, quienes pueden recordar a su Dios.

15. Y así, por tanto, en esta hora, queridos amigos, desearíamos compartir con vosotros el poder del perdón: sobre cómo cultivarlo, refinarlo, sobre cómo entender esas profundidades del perdón que os pueden ser reveladas a medida que perdonáis setenta veces siete, y sobre cómo poder poner sobre la mesa aquello que aún no ha sido perdonado, sino quizá olvidado. Queremos hablar también, en esta hora, de qué es la percepción y de qué es la proyección.

16. Queridos amigos, estas cosas son de una importancia crítica. Pues cualquiera que entre en uno de los así llamados “caminos espirituales”, debe finalmente afrontar y lidiar con su profunda necesidad de perdón, que es una expresión del profundo deseo del alma de ser perdonada. Pues no hay nadie que camine por este plano que no haya sido tocado por el veneno del juicio.

17. Queridos amigos, al hablar de estas cosas, no obstante, no permitáis que la seriedad penetre en vuestras mentes. Pues, en Verdad, todo lo que hacemos es en realidad describir para vosotros lo que necesitáis hacer, y podéis hacer, para poder liberar la carga de ilusión que parece dibujar un pesar en vuestro rostro, una sensación de no estar a salvo en el mundo. Podrías pensar sobre esto como algo que consistiría en emplear algún tipo de mando de control que, al girarlo un poco, te ilumina, llevándose tu carga de culpa y juicio.

18. Por tanto, en Verdad, comprende bien que el perdón es esencial. Y lo que no ha sido perdonado en otros, no ha sido perdonado en ti –y no por un Dios que esté fuera de ti, sentado en su trono, pues el Padre nunca juzga–. Lo que no has perdonado en otro o en el mundo no es sino un reflejo de lo que tú llevas dentro como carga que no puedes perdonarte a ti mismo.

19. Tienes un dicho interesante en tu mundo, Quien lo dice, lo es.

20. ¿Crees que podrías ser siquiera capaz de juzgar a otro si no se despertara algo dentro de ti que dispara en ti la creencia de que sabes exactamente lo que el otro tiene entre manos? Y por eso es por lo que les juzgas. Y algunas veces juzgas tan duramente porque tienes miedo de esa misma energía que hay dentro de ti mismo, o porque recuerdas el dolor que has sentido cuando has actuado desde esa energía.

21. Mas, cuando te hayas perdonado a ti mismo, ten por seguro que conocerás lo que significa caminar en este mundo y, sin embargo, no ser de este mundo.

22. Serás capaz de sentir la energía o las actividades que cualquier otra alma pudiera libremente elegir. Y discernirás esa energía, comprenderás esa energía, verás a través de ella, y no obstante verás el Rostro de Cristo ante ti.

23. No reaccionarás, lo cual significa “actuar otra vez tal y como lo hiciste en el pasado”. En vez de eso, e incluso si estás siendo perseguido, oprimido (o, por hablar de una experiencia personal, clavado en una cruz), habrás cultivado la capacidad de amar.

24. Y en todas las situaciones, sin importar lo que otro ser esté haciendo, tu primera respuesta será entrar en la callada calma de tu interior, y meramente preguntarle al Espíritu Santo, ¿Qué deseas que diga? , ¿Qué es más apropiado para esta alma en este momento?

25. Pues cuando el perdón haya purificado la mente y el corazón, y el campo emocional de tu propio ser, descubrirás que existes solo para extender Amor.

26. Tú eres el Salvador del mundo.

27. Y en toda situación tu papel es preguntarle al Espíritu Santo cómo puedes servir a la Reconciliación, a la Expiación, a la corrección, a la sanación que aún necesita ser obtenida dentro de otra alma.

28. Entonces, incluso si alguien te está odiando, no responderás de modo defensivo, sino con curiosidad, como testigo inocente. Y si incluso tus manos se ven atravesadas por clavos, te aseguro que realmente es posible aun así entrar en el calmado santuario del Corazón, y preguntarle al Espíritu Santo, ,

¿Qué me harías decir o hacer que le pudiera servir a mi hermano o a mi hermana para la sanación de su corazón?

29. Entonces, es ahí hacia adonde vamos. Y todo lo que compartiremos contigo, no solo en esta hora sino durante este año, tiene como meta final tu Consciencia Crística completa, la realización de lo que tu propia alma desea: perdón.

30. En primer lugar, no hay nada de lo que puedas ser consciente en la energía de otro ser que no hayas conocido en ti mismo.

31. No hay nada que otro pueda decir o hacer, o incluso que sea capaz de imaginar que dice o que hace, y que no hayas conocido tú también.


32. De nuevo, quien lo dice, lo es. Y cuando percibes que otro actúa desde la hostilidad, o desde el miedo, o desde lo que sea, la única manera en que puedes reconocerlo así es porque tú ya has estado ahí.

33. El mismo hecho de que en tu mundo alguien pueda matar el cuerpo de otro y puedas reaccionar con el reconocimiento de que se trata de un comportamiento inapropiado, es porque, como alma, ya conoces las energías involucradas en tratar de asesinar a alguien. Y, en Verdad, si sois honestos con vosotros mismos, podéis probablemente contar al menos cincuenta veces en el último año en las que alojasteis pensamientos asesinos en vuestras mentes. Puede que no los realizarais, o incluso que no permanecierais con ellos por más de un segundo, pero la energía ha llegado al campo de vuestra consciencia y la habéis reconocido y aceptado.

34. ¿Quién es pues inferior que tú? ¿Quién será entonces digno de merecer tu juicio? Nadie. ¿Quién es pues igual que tú? Todos. ¿Y quién es digno de tu amor? Todos. 

35. El perdón es el puente que te enlaza con el alma, con la esencia de tu hermano. El perdón es ese puente que, cuando es cultivado, te permite ver claramente no solo las energías que otro esté expresando, sino que te permite literalmente ser capaz de ver qué eventos parecieron cultivar en esa alma la creencia de que ella debía actuar así para poder sobrevivir, para vivir –qué percepciones le han conducido a sentirse justificada en sus comportamientos inapropiados–. Y lo verás tan claro como si alguien hubiera pintado un cuadro delante de ti.

36. Entonces sabrás hábilmente qué decir y qué hacer para ayudar amablemente a los demás a corregir sus falsas percepciones sobre sí mismos, y aprender el camino del autoperdón.

37. Cuando esa hora llegue, ten por seguro que caminarás por este mundo aunque no obstante sin ser de él. Te convertirás en lo que yo me convertí, en el Salvador del mundo.

38. ¿Qué es la proyección? La proyección tiene lugar cuando ha habido primero negación dentro de ti mismo.

39. La proyección es un acto en el cual, psíquicamente, intentas arrojar fuera de tu propiedad todo aquello que hayas juzgado como despreciable o indigno de ti, como algo que no deseas. Y así, lo proyectarás. Lo arrojarás fuera y permitirás que aterrice en quien sea que esté por ahí cerca. 

40. La proyección es el efecto de la negación del primer axioma que te hemos dado. Es la negación de la Verdad que dice que nada de lo que experimentas ha sido provocado por algo que esté fuera de ti.

41. La proyección es entonces el intento de insistir en que la realidad es distinta de la manera en que Dios la hizo; de insistir en que no eres poderoso, en que eres una víctima de las circunstancias, en que estás en un mundo que te puede realmente hacer cosas, y que puede hacer que tomes decisiones que no habrías tomado de otra manera. Eso es siempre negación, y es una mentira.

42. La proyección es la negación del primer axioma de la Verdad. Y es algo que has dominado muy bien. Cuando proyectas sobre otro, entonces crees que tu ira, tu odio, están justificados.

43. Ten por seguro que existen muchos en tu sistema legal... y, bueno, que de hecho todo el sistema legal en sí mismo conlleva meramente tomar el acto de la proyección y la necesidad de juzgar, y hacer de ello algo aceptable socialmente, de tal modo que no necesites ya preocuparte por esa “otra persona” como alguien que en realidad es tu hermano, como quien ha estado en realidad clamando por ayuda. Y en vez de eso, justificas su castigo. No obstante, el castigo es en sí solo el insano intento de convencer al que castiga de que la oscuridad, de que el mal –o como lo quieras llamar– no está en él, sino ahí fuera.

44. Imagina entonces una sociedad en la cual la visión legal prevaleciente fuera simplemente que tu hermano es un aspecto de ti mismo. Y que, si quieres ayudarte a ti mismo, debes ayudarles a ellos – afrontando cada petición de ayuda y de sanación con perdón, amor y apoyo–. ¿Puedes imaginar, por un momento, cómo sería vivir en una sociedad así? ¿Cuán diferente sería el mundo que ves?

45. Y no obstante, si quieres que esas cosas sean diferentes, debes comenzar por ti. Porque la manera de sanar el mundo no es buscando cambiar lo que hay fuera, sino primero cambiando lo que está dentro.

46. Pues cuando este cambio haya sucedido te convertirás en un canal para una energía que sabe cómo usar tus dones, que sabe colocarte justo en las situaciones adecuadas. Y a través de ti trabajará efectivamente un gran Poder –el Poder que es Quien real y solamente conoce cómo sanar tu mundo–.

47. Hay muchos que de hecho querrían marchar hacia la paz a través de airados ataques contra quienes hacen la guerra. Pero si quieres crear paz en el mundo, debes estar en paz contigo mismo.

48. Entonces, la proyección es el acto de intentar librarte de aquello que no quieres tener en ti como algo propio. Es el efecto de la negación de la Verdad.

49. La proyección colorea a tu hermano con las mismas energías que tú juzgarías en ti mismo. ¿Cómo comenzar entonces a romper el patrón de la proyección? ¿Cómo permitir entonces que se construya el puente del perdón? Es realmente muy simple, pero se requerirá de tu compromiso.

50. Te he dicho muchas veces que el mundo que ves no es nada más que el efecto de los pensamientos que has albergado en la mente. Por tanto, el despertar requiere actuar con vigilancia y disciplina –la disciplina de cultivar una manera de vivir en la que observas tus propios pensamientos, escuchas las palabras que salen de tu boca, observas los sentimientos que son evocados en tu cuerpo, la cualidad reactiva que parece adueñarse de ti, y contemplas todo eso como algo inocente y provocado por ti mismo–

51. Y entonces, cuando el mundo te refleje algo que te provoque ira o te haga mantenerte juzgando, detente justo donde estés y mira hacia tu juicio, pero no con más juicio, sino con inocencia y honestidad, . ,Oh, veo que estoy juzgando a alguien. Es una nube interesante que pasa a través del cielo de mi consciencia. Me pregunto si sería capaz de hacer otra elección. Ahora, la mente te dirá, ,

Pero esta persona acaba de entrar en mi casa y me robó mi equipo de música. ¡Por supuesto que tengo motivos para juzgarla! Tengo derecho a sentir ira.

52. Mas te digo que la ira nunca está justificada. Esto no quiere decir que no vayas a experimentarla, pero deja de engañarte a ti mismo creyendo que tiene algún valor.

53. ¿Qué sucede con aquel que acaba de entrar a robarte el equipo de música o lo que sea que tengas (algún otro ídolo que ames...mmm), qué sucedería si entendieras que tienes el poder en ese momento de recordar que todos los eventos son neutros? Esto simplemente te daría una oportunidad para elegir Amor.

54. ¿Qué sucedería si literalmente escogieras la “loca” vía –“loca” para el mundo– de contemplar a quien justo acaba de hacer eso como un hermano que está pidiendo ayuda y sanación, y que no sabe cómo vivir en este mundo sin ser del mundo, que no conoce la vía del autoperdón, que no conoce la Verdad de la Luz que vive en él, que no reconoce su gran poder para crear lo que sea que quiera y de una manera que no dañe a nadie –contemplándolo con compasión más que reaccionando–?

55. Esto comienza de una forma muy simple. Y para empezar a plantar el escenario quiero que realmente recuerdes bien que se te ha dado el tiempo para que lo puedas emplear constructivamente.

56. Eso significa que cuando despiertas por la mañana comprendes que ya estás en la escuela; que no tienes que ir a ningún lado, que ya estás ahí. Y que el universo te está literalmente ayudando a tener experiencias que te brinden cosas que puedas elegir contemplar de forma diferente; y así, descubres el gran poder en ti, la libertad en ti, para elegir lo que quieres percibir, para suscitar en ti solo lo que quieres sentir.

57. Entonces, de nuevo, incluso si hubiera clavos atravesando tus manos, finalmente eres liberado en el poder de elegir Amor, y por tanto, de vencer a este mundo.

58. Una vez dicho esto, entiende entonces que cada uno de tus días es una bendición y un regalo si lo utilizas comprometiéndote plenamente con tu despertar. Tu día está repleto de un millón de oportunidades para descubrir una Verdad más profunda.

59. Por tanto, nunca sientas que el propósito de tu vida debe ser distinto de aquel en el que te encuentras. Porque recuerda lo que decíamos antes: estás literalmente creando todo lo que eliges, y no hay nada que se te esté imponiendo.

60. Y ahora vamos a tomar ese pensamiento y profundizarlo un poco por un momento, porque significa literalmente que, si has decidido que quieres despertar, ya has atraído hacia ti mismo las experiencias que realmente puedan servirte mejor para ello. E igualmente, los amigos, y la familia, la gente con quienes te relaciones, son aquellos que más pueden ganar con las experiencias que surjan a través de vuestras relaciones.

61. Significa que, justo aquí, y justo ahora, ya estás demostrando el poder que buscas –el poder de elegir verdaderamente despertar, y el de ordenar a toda la Creación servirte para tal despertar–.

62. Por tanto, cuando te despiertes cada día por la mañana mira a tu alrededor. ¿Quién es esa persona que está durmiendo a tu lado? Son tus compañeros perfectos. Son mensajeros de Dios. Y lo que se esconde justo detrás de todo eso, y debido a que tu mente descansa junto a la Mente de Dios, es el hecho de que, cuando al principio dijiste como alma, “quiero despertar, quiero ir a casa”, el Padre respondió a tu oración y comenzó a mandarte cierto pensamiento a través de tu espíritu y de tu alma, hacia tu mente consciente, . ,

Sé cómo dirigirte al hogar. Abandona esta carrera y empieza esta otra. Muévete de este lugar a ese otro.

63. Y comenzaste a sentir todo tipo de impulsos. Comenzaste a leer diferentes libros, a hacer diferentes cosas. Quizá encontraste a alguien y te enamoraste. ¿Todo por accidente? ¡Ni hablar!

64. Entonces, ese mismo pensamiento que reivindicarías como tuyo propio, con el cual has creado el mundo de tu propia experiencia personal, es también, literalmente, el resultado de tu súplica para despertar. Y el Padre está creando –asistiéndote para crear– justo aquellas experiencias que, peldaño a peldaño, puedan llevarte de donde estás a donde Dios está.

65. El resultado es que tu vida ordinaria es el ashram más perfecto en el que puedas estar alguna vez. Es la Ciudad Santa a la cual es sabio peregrinar a diario, lo cual significa llevar consciencia y compromiso precisamente a lo que estés experimentando, y agradecerlo, bendecirlo, acogerlo, estar vigilante, ser plenamente consciente de ello, . ,

¿Qué me está enseñando este momento?

66. Habiendo dicho esto, entonces, como trasfondo o fundamento, recuerda que no experimentas nada que pueda llamarse “momento ordinario”. En todos y cada uno de los momentos suceden cosas extraordinarias. Ocurren cosas extraordinarias en las cuales todo el Universo está conspirando –lo que significa “respirar conjuntamente”– para despertarte, para sanarte. ¡Confía en él!

¡Ámale! Que esas cosas sean ciertas –y te aseguro que lo son significa que tu vida, la misma vida que estás viviendo, es igual en poder, majestad y efectividad a cualquier otra que haya sido vivida. Eso significa que tu misma vida es igual a la que yo viví.

Porque es una vida de regreso al hogar, tal y como mi vida fue mi camino de regreso a Dios.

67. Y entonces, para ampliar lo que dijimos antes, el tercer axioma o principio podría ser encapsulado así, , No vivo momentos ordinarios. Con cada respiración, mis experiencias son peldaños plantados ante mí por Dios para guiarme hacia el hogar. Por tanto, llevaré consciencia a cada momento y permitiré que me enseñe cómo perdonar, cómo acoger, cómo abrazar, cómo amar y, por tanto, cómo vivir plenamente.

68. En tus momentos ordinarios, mil veces al día, te ves confrontado con oportunidades para sentirte molesto [risas] ¡mmm! Y en ese mismo instante, estás siendo regalado con la bendición de la oportunidad de elegir paz, de recordar cultivar una percepción de tu hermano o hermana que sea concebida a partir de la Mente de Cristo, y no de la mente egoica.

69. El perdón, entonces, puede ser practicado diligentemente. Y no vas a necesitar mirar demasiado lejos. No necesitarás hacer un peregrinaje a ninguna ciudad lejana. No necesitas sentarte en una cueva en las montañas de algún lugar para descubrir la vía hacia Dios. Está en todo a tu alrededor, porque solamente puedes estar allá donde hayas decretado estar. Y has decretado estar ahí porque tú, como alma, realmente no deseas otra cosa que despertar.

Y tu vida, tu vida exactamente tal y como está desplegándose momento a momento, ha sido dispuesta así para ti.

70. Si esto es cierto, y te aseguro que lo es, la vía hacia Dios solo puede ser encontrada en tu disposición a acoger y a vivir plenamente precisamente la vida que está en ti, la que se despliega a través de ti en cada momento.

71. Vivir sin miedo, marchar hacia delante para realmente confiar, para abrazar el mismísimo poder y majestad que es la semilla, el abono, la tierra, desde la cual está creciendo la experiencia de tu vida. ¡Es precioso! ¡Es extraordinario! ¡Es bendito! ¡Y es un regalo para ti, de Dios! ¿No querrías abrazar la bendición de tu vida y santificarla para así mantenerla sagrada, y para realmente marcar límites y reconocer que tu vida es digna de tu respeto?

72. No importa lo que los demás piensen. Solo importa lo que tú pienses.

73. ¡Queridos amigos, vuestra vida –tu vida– es vuestro camino a casa! Si no la vives plenamente, ¿Cómo quieres poder regresar algún día? Por lo tanto, no le temas a tu grandeza. No temas el poder que procede de abrazar tu vida y reclamar su valor. ¡Vívela plenamente con cada poquito de pasión que puedas reunir!

¡Abrázala a cada segundo! Cada vez que laves tu plato y tu taza tras el desayuno, contempla esas cosas y di, ,¡Dios mío! ¡Esta es mi vida! ¡Es mi camino de vuelta a casa! ¡Y voy a vivirlo!

74. Ciertamente, apreciados amigos, en esta vía, llegaréis a perdonaros a vosotros mismos por los juicios que habéis hecho. Porque quiénes de entre vosotros no habéis conocido el sentimiento de decir, . Dios, mi vida no vale mucho la pena. Nunca seré como ese, o como tal otro, que va andando por la calle. Y nunca tendré el suficiente dinero. Y no me conocerá la suficiente gente. Y, ¿Cuándo será mi trabajo tan importante como el de aquella persona? ...etc. etc. etc. . ,

Pero te aseguro que cada vez que te juzgas a ti mismo, te has debilitado a ti mismo. Cada vez que te has juzgado o que lo has hecho con otros, te has deslizado hacia abajo por la montaña otro nivel más, cuando tu deseo es estar en la cima.

75. Una vez comprendido esto, vamos entonces a examinar con más precisión el perdón. ¿Cómo funciona? ¿Qué ocurre realmente cuando perdonas? Eres un canal de energía. En el grado en el que este canal esté en perfecto estado de funcionamiento, la energía podrá fluir tan radiante que el canal se hará realmente transparente. Esto es, ya no estará bloqueado. No habrá barreras o límites para la Luz.

76. Cuando juzgas, es como si te contrajeras, haciendo que las paredes del canal se estrechen, justo como si se desarrollara óxido en una tubería. Y el flujo se hace menor y menor. A medida que perdonas juicios, es como si el óxido se fuera disolviendo en las tuberías. Es como si las paredes de la tubería, que transportan el líquido del Amor de Dios, comenzaran a expandirse y se hicieran cada vez más delgadas y transparentes.

77. El juicio es contracción. El perdón es relajación y paz, confianza y fe.

78. El perdón permite que crezca la espaciosidad en tu consciencia. Pues cuando contemplas al ladrón que entró en tu casa y dices “te perdono”, estás decretando lo contrario de lo que has aprendido. Estás decretando que nada valioso te puede ser arrebatado.

Estás decretando que el juicio es lo contrario de lo que tú quieres, y que es lo que te hace sentir de manera opuesta a como tú te quieres sentir. Estás decretando tu poder de percibir de forma diferente. Te estás, por tanto, sanando a ti mismo.

79. Y si es seguro que deseas venir al hogar, vas a tener que convertirte en alguien muy, muy divinamente egoísta. Vas a convertirte en alguien tan egoísta que no tolerarás el juicio en ti mismo –de nada ni de nadie–. Pues comenzarás a reconocer que con cada pequeña intervención del juicio te catapultas justo a ese lado del Universo que es el opuesto a aquel en el que tú quieres estar.

80. Provoca que tu misma estructura celular (si pudieras ver esto, nunca juzgarías de nuevo)... provoca... cuando juzgas... que incluso las células de tu cuerpo se vuelvan locas. Vibran de una manera completamente disonante. Y se da una contracción. Los fluidos no se mueven a través de ellas. Los nutrientes no llegan a las células. La materia de desecho no es correctamente procesada. Todo se atasca y tiene lugar la enfermedad.

81. Por tanto, mis amados amigos, entended bien que el juicio no es algo para ser tomado a la ligera. ¿Deberías entonces juzgarte a ti mismo si notaras que estás juzgando? No. Eso también es juicio en sí mismo. Solo el Amor puede sanar. Entonces, cuando reconoces que has juzgado, di, .,

¡Ah, sí! Es esa energía. Reconozco esa nube que acaba de atravesar el campo de mi consciencia. Pero elijo de nuevo.

82. Entonces, ¿cómo funciona esto? Si en tu vida ordinaria –que ahora sabemos que no es para nada ordinaria– detectas que has estado juzgando a alguien o algo, reconoce que ese juicio está todavía en ti. Está presente, sin importar si lo has hecho hace cinco minutos, cincuenta años, o si juzgaste diez vidas atrás.

Cuando lo notes, o cuando lleves consciencia al mismo, lo habrás convertido en algo realmente presente. Entonces, ahí está, justo ante ti para ser deshecho. Y en lo que necesitas enfocarte es en esto, . Voy a elegir de nuevo.

83. ¿Conoces la experiencia de mirar atrás en tu vida y ver repentinamente una escena en la cual ahora tú sabes que te comportaste egoístamente, desde el ego, al ser manipulador, malicioso o dañino? O reconoces, 

Dios mío, estaba realmente juzgando a aquella persona. ¡Ah! ¡Oh! Si solo pudiera volver atrás y deshacerlo.

84. ¿Conoces ese sentimiento? Te digo que sí puedes, sí puedes volver, porque todo está presente. No hay tal cosa como un pasado o un futuro, sino solo ahora. Entonces, cuando has tenido ese pensamiento o ese recuerdo, resulta que está viniendo hasta ti por una razón muy específica. Como alma, estás aprendiendo el perdón y cómo deshacer los efectos de tus elecciones previas.

Así pues, todo se te está presentando de nuevo ante ti, para que puedas hacer una nueva elección.

85. Entonces, cuando ese recuerdo antiguo llegue, mantente con él.

Míralo. Admite que el juicio estaba operando en ese momento. Y entonces dile a esa persona o a ese evento, No te juzgo. .

Extiendo el perdón hacia mí mismo por lo que he creado. Te abrazo, te acepto... y te amo. Y te libero para ser tú mismo. Y te bendigo con la Bendición de Cristo.

86. Entonces, mira cómo la imagen o el recuerdo comienza suavemente a disolverse en la Luz, hasta que no queda ni rastro. Y acaba con él. E inmediatamente la mente dirá, .Bueno, sí, pero cuando golpeé a ese niño pequeño en la espinilla cuando tenía cuatro años, y solo para ver cómo lloraba...él no está aquí. .,

¿Ah no? El cuerpo no está aquí, pero el cuerpo no es en absoluto el alma. Y todas las mentes están unidas. Eso significa que cuando extiendes perdón en la consciencia, en tu campo emocional, hacia otro, ya sea que se encuentre presente físicamente o no lo esté, le estás extendiendo exactamente lo mismo que podrías extenderle si estuviera físicamente ante ti. Pues ya sabes que, incluso si estuvieran ahí delante, ellos aún tendrían que aceptarlo, ¿no es así? Ellos aún tienen que tomar su propia decisión –si aceptar tu perdón, o bien seguir juzgándote–. Pero ese es su problema, no el tuyo.

87. Entiende entonces que estás tratando con la consciencia. No eres un ser físico, eres Espíritu.

88. Estás íntimamente enlazado con todas las mentes y con todos los tiempos. Por tanto, el perdón hacia otro puede suceder en cualquier momento en el que decidas que así sea. Cualquiera que hayas creído que te ha hecho algún tipo de daño, alguna vez, puede ser perdonado por ti en este mismo instante. En cualquier momento en el que hayas juzgado a otro, y que por tanto te hayas juzgado a ti mismo, puedes deshacerlo, en ese mismo momento presente, simplemente haciendo una elección diferente.

89. Ten por seguro que continuarás proyectando sobre otros lo que aún te quede por sanar, sin perdonar, dentro de ti. Cada vez que reaccionas ante otro se te está dando una señal de que hay algún tipo de energía que está siendo presentada ante tu consciencia, y que no has perdonado en tu interior.

90. Si alguien es crítico y cada vez que lo es te altera, ten por seguro que no has sanado esa parte en tu propio ser –esa parte de tu propia experiencia de criticar a los demás–. Ya sea que esté ocurriendo ahora, o si parece ser un patrón que has interrumpido y que ya no tienes, tú aún no te has perdonado a ti mismo por haberte identificado con esa energía.

91. Emplea pues tu experiencia ordinaria de cada día para observar qué es lo que te altera. Y si quieres mantenerte con ello –y ahora mismo te daremos una técnica simple para hacerlo–, si puedes mantenerte con ello, te revelará las energías que necesitan tu perdón.

92. La técnica es muy simple. A medida que transcurre tu día, observa cuándo te sientes como si estuvieras contraído. ¿Están tensos los músculos del cuerpo? ¿La respiración es muy poco profunda? Cuando hablas acerca de alguna energía de alguna persona... ¿tu voz se acelera o sube de volumen? Esto significa que necesitas realizar sanación en ti mismo. Cuando reconoces que se dan este tipo de signos en ti –en otras palabras, que la vida te ha presentado una oportunidad para alterarte– quiere decir que hay algo que requiere sanación.

93. Entonces, la alteración que sientes, tómatela como una bendición. No dirijas tu foco de consciencia hacia aquello que crees que te está provocando la perturbación, y recuerda el primer axioma, . ,

Soy la fuente de mi experiencia. Me siento alterado... ¿qué hay en mí que necesite ser sanado?

94. Comienza a respirar rítmica y profundamente con el cuerpo. Permite que este se relaje, se tranquilice, y pregunta... ¿Qué hay en la energía de esta persona que realmente me está sacando de quicio? , Y lo verás inmediatamente, Oh, es un criticón. Y esto me saca de quicio. 

¿Cuándo habré sido yo criticón con otros? , Y bien, enseguida vas a verlo, y dirás, Bien, ahora estoy siendo crítico porque ellos lo son.

95. O también, si estás juzgándoles, te pueden llegar recuerdos, recuerdos desagradables. Permite que lleguen. Continúa relajándote y respirando. Contempla esa energía de ser crítico. Hónrala, ámala, porque es una creación. Son tus creaciones que regresan a ti, y que debes abrazar y transformar. Y, siguiendo con el ejemplo, simplemente mantente con ello, contémplalo. . ,

¡Ah, sí! Ser un criticón. Ciertamente... yo lo puedo ser. Lo he sido en el pasado; conozco muy bien esa energía. 

96. Contempla una escena en tu memoria en la cual tú hayas sido el criticón. Mírala con profunda honestidad y sinceridad, y dite, Me perdono por ser así. Me perdono por mis propios juicios. Elijo enseñar solo Amor.

97. Y observa cómo desaparece esa imagen de tu mente, cómo se disuelve. Y lleva tu mente al momento presente, hacia esa persona que te acaba de poner de los nervios. Y nuevamente, no necesitas decirle nada en absoluto, aunque podrías hacerlo. Sino que, en tu interior, perdónale por permitir que la energía de ser criticón se aloje temporalmente en su mente. Y simplemente pídele al Espíritu Santo que reemplace tu percepción con la Verdad. Pide ver la Luz inocente en él. 

98. A medida que cultives esto, te harás muy hábil en ello. Podrás hacerlo así de rápido [chasquido de dedos]. Y una vez que comiences a ver la Luz en ellos, puedes preguntarle al Espíritu Santo, ¿Qué está ocultando esta energía en ellos? ¿Qué es lo que están pidiendo realmente?

99. Y entonces, sentirás compasión. Pues te será revelado por qué están heridos dentro. Y, de pronto, en vez de reaccionar ante ellos, simplemente podrás ser compasivo. Las palabras que elijas, tu propio comportamiento, podrían volverse muy diferentes, más de lo que nunca hubieras imaginado. Y además, se canalizará a través de ti exactamente lo que les sirva.

100. Cuando fui clavado a la cruz, había ciertamente alguien que tuvo que alzar el mazo para clavar el clavo. Y según lo alzaba, sus ojos se encontraron con los míos un solo instante. E hice precisamente lo que te he descrito. Primero recordé, y en aquel entonces ya era todo un maestro haciendo esto, de modo que todo transcurrió muy rápidamente. Y pregunté lo siguiente, ¿Cuándo habré deseado yo atravesar a alguien con un clavo? 

Y recordé mis pensamientos asesinos. Me perdoné a mí mismo y llevé mi atención de vuelta a aquel que me clavaba, y pedí ver solo la Luz en él. Y pregunté también, ¿Qué me está reflejando esta acción?¿Qué está enmascarando eso en su interior? ,Y vi su alma, y amé su alma. Y sentí compasión por él. Y en ese momento –toma nota de mis palabras– en ese mismo instante de contacto con los ojos, ¡esa persona lo comprendió!

101. Como mi energía era diferente, se creó el espacio en el que esa alma pudiera hacer una nueva elección. Y esa alma vio repentinamente toda su experiencia, y se dio cuenta de que si dejaba que ese mazo empujara el clavo, eso equivaldría a tomar la decisión de continuar siendo un mero esclavo de la percepción de otras personas. Y, en ese mismo instante, decidió seguir un camino que le llevó a una maestría soberana, y nunca más volvió a ser el peón de ningún gobierno, grupo ni facción... ni de cualquier persona. Tiró el mazo –era un soldado romano–, se rebeló, se dio la vuelta y desapareció.

102. Esta persona se fue para convertirse en un Maestro que hoy conocen literalmente miles de seres. No existe en forma física; visita a muchos, enseña a muchos. Realmente encarnó la perfecta maestría, y, por tanto, trascendió el mundo. Y todo ello comenzó a resultas de mi deseo de enseñar solo Amor. Y ahora tenemos una muy buena amistad.

103. Así es que ya ves, no puedes saber cuán poderosa va a ser tu apuesta por la sanación. No puedes realmente ver cómo de seria y profundamente te afectará, mientras te diriges hacia ser un creador –y a continuar siéndolo para siempre–. Y jamás podrías saber qué frutos nacerán de ese árbol en la vida de otro ser. Mas, debido a que todas las mentes están unidas, cuando tú eliges sanación mediante el perdón, literalmente creas el espacio en el cual el otro también puede sanar su vida.

104. No permitas entonces que ningún momento se desperdicie. No consideres nada como algo ordinario. Y no contemples las percepciones que el mundo te enseña como algo justificable dentro de ti mismo. Sino que comprométete plenamente a desarraigar y a extirpar de tu ser todo lo que no se asemeje al Amor de Cristo.

105. No creas que yo soy el único que puede amar así –eso no es cierto–. Estás aquí para amar tal y como yo aprendí a amar. ¿Por qué? Porque tú eres ese Amor. Y todo lo demás no es más que una cortina de humo.

106. El perdón es necesario. El perdón es una habilidad y un arte que te dará una gratificación tras otra, y tras otra... y tras otra más. Nunca dejará de rendirte rentas. Cada momento en el que eliges perdonar, ¡te has ahorrado literalmente un millar de años de sufrimiento! ¡Vaya! Y digo esto todo lo literalmente que se puede decir. En pocas palabras, cada acto de perdón es un milagro que acorta la necesidad de tener más experiencias dentro de esta dimensión.

107. Y cuando te encuentras en una situación que crees que es demasiado grande, ten por seguro que si eso es así es porque algo grande ha llegado finalmente a la superficie para poder ser sanado en ti, y de tal modo que por fin pueda brillar a través de ti un mayor poder, puesto que has alcanzado un punto en el que ya estás preparado para ello. Hay más Cristo que puede ser vivido.

108. Es muy, muy importante permitir que cada día se baste a sí mismo. Esto es, que cuando tu día acabe, siempre acábalo de verdad. Y no hagas cuatro horas de ritual. Puedes hacerlo en un suspiro. A medida que tomas una honda inspiración y reposas tu cabeza sobre la almohada, contempla el día entero, abrázalo con tu consciencia y a medida que permitas que el aire salga, di dentro de tu consciencia, Libero y perdono este día. Ha sido perfecto, y se terminó.

109. Déjalo ir, simplemente déjalo ir. ¿Por qué? Porque si no, lo llevarás de nuevo contigo. ¿Conoces esa experiencia? Y tres semanas más tarde dirás, Oh, cielos, ¿por qué tomé esa decisión tres semanas atrás? Si tan solo hubiera tomado una diferente, esto no hubiera sucedido y aquello otro tampoco. Eso será probablemente cierto. Pero el asunto que importa ahora es que, tres semanas más tarde, aún te estás provocando dolor de cabeza al traer el pasado hasta ti. Y te pierdes la gloria del presente. Todos habéis oído esto miles de veces, porque es la Verdad.

110. La consciencia es una cosa muy sutil y poderosa. No puedes hacer otra cosa que crear. Recuerda la meta de este año, que es aprender a crear deliberadamente con perfecta maestría. Por tanto, contempla las cosas del día y di, Es muy bueno. Y ha acabado.

111. Permítete, cada noche, cuando dejas reposar tu cabeza sobre la almohada y sabes que vas a apagarte para dormir, ser precisamente tal y como Dios fue en ese relato, en tu relato bíblico de la creación, en el cual está escrito que en el séptimo día descansó.

En el relato, Dios ya había terminado, en cierto sentido. Y proporciónate esa misma cualidad al final de cada día.

112. Si estás llevando en ti cierto tipo de reacción emocional porque alguien dijo o hizo algo, lo que sea, o porque tú dijiste o hiciste algo... practica el perdón antes de dormir. Pues si no, te mantendrás experimentando esas energías conflictivas en tus estados de sueño. Y la comunicación que hay entre tú y ese otro ser que no ha sido aún perdonado, te mantendrá en el mismo estado hasta que el perdón sea completado en ti.

113. Espero que esto tenga sentido para ti, pues es muy importante. El tiempo no debe ser tomado nunca a la ligera. Juega con él, sí, pero juega desde la consciencia, la claridad, desde el reconocimiento de que no hay ningún pensamiento fútil. Cada pensamiento crea un mundo de experiencia para ti. Y mereces experimentar el Cielo.

114. Tendremos mucho más que decir sobre el perdón a medida que comenzamos a sumergirnos en las profundidades de lo que es descubierto a medida que lo practicas setenta veces siete. Él te lleva más y más adentro, hacia la propia mecánica de la consciencia misma –hacia la mecánica misma de la creación–.

115. El perdón, sí, colócalo en la primera línea de tu lista, hasta que reconozcas perfectamente lo perdonado que estás. Mantente pues vigilante frente a la negación que está todavía necesitando del perdón en tu interior. Porque aquello que niegues, lo proyectarás. Y cada proyección es un acto dañino contra ti mismo.

También contra el otro, por supuesto, pero igualmente contra ti mismo.

116. ¡Así es! Dejaremos que con esto baste por hoy. En esta hora hemos dicho muchas cosas que precisan ser escuchadas de nuevo, y otra vez de nuevo, de tal manera que la consciencia comience a captar realmente lo importante y lo poderoso que es el perdón.

117. Alcanzarás un espacio donde vas a deleitarte absolutamente yendo a través de tu día expresando perdón, como si fuera una onda que se emite a sí misma desde el océano de tu consciencia, incluso aunque nadie esté haciendo nada. El perdón se convierte en sí mismo en una deliciosa energía en la que vivir.

118. Por tanto, realmente, queridos amigos, perdonaos bien a vosotros mismos, y habréis perdonado a Cristo. Y cuando Cristo sea perdonado, Cristo surgirá y hará Su hogar en vuestro corazón y en vuestra mente, e incluso en las células de vuestro cuerpo. Y conoceréis lo que significa caminar por este mundo, mas sin ser del mundo. Y cuando os miréis en el espejo, diréis, Contempla, he aquí el Salvador. No será la arrogancia egoica quien lo dice, sino el reconocimiento de lo que es verdad siempre, ,

Soy el Hijo de mi Padre, y he sido enviado a este mundo para traer Luz aquí.

119. ¡Así es! Estad por tanto en paz. Practicad bien el perdón hasta que se vuelva como respirar. Y descubriréis un poder que no sabíais que podría existir, y una libertad cuyo sabor es más dulce que el de la miel. Os perdono [risas24]. No porque os haya juzgado, sino porque conozco la bendición que el perdón me brinda a mí. El perdón es algo que perfeccioné como hombre. Perfeccionadlo igualmente en vosotros mismos, y conoceréis la Gloria de Cristo. Estad por tanto en paz, amados amigos. Amén. 

miércoles, 31 de marzo de 2021

La transmisión de la información, Grigori Grabovoi

 
Del libro "La resurrección de los hombres y la vida eterna son nuestra realidad", de Grigori Grabovoi

TRANSFERENCIA DE LOS EVENTOS DE LA REALIDAD EN EL EVENTO DE LA INFORMACIÓN.

Tomemos como ejemplo cualquier evento. Imaginemos, por ejemplo, caminar por el puente.

Encima de nosotros está el aire, y debajo del puente se encuentra la carretera o el río.

Si transferimos este evento a la información, podríamos utilizar al menos tres elementos de la realidad física. En este caso concreto analizando la situación en vertical encontramos por ejemplo en alto el aire, luego el puente y nosotros caminando, y finalmente el que se encuentra debajo del puente.

Cualquier evento puede traducirse a la información a partir de tres elementos de este evento, como acabamos de hacer aquí.

Veamos otro ejemplo: imaginemos pasar frente a un árbol, o estar parados delante. El primer elemento en este caso es el árbol, el segundo de nuevo somos nosotros y nuestra posición en el espacio y el tercero es el medio ambiente.

Al transferir este evento en la información es esencial realizar esta transformación de la forma más sencilla posible. Por ejemplo, el acto físico se puede transformar en pensamiento, veamos cómo: Tenemos que concentrarnos en el dedo meñique de la mano derecha, luego pasar al dedo pulgar de la misma mano, del cual enviamos la información al dedo meñique del dedo izquierdo y luego al dedo pulgar izquierdo. Transfiriendo la información de un dedo a otro, debemos imaginar claramente este paso de la información.

A través de este procedimiento se produce el paso de la realidad física a la información.

Este procedimiento es también un ejercicio para nuestra consciencia y la percepción.

Es básicamente un ejercicio para controlar la realidad.

En la vida en cada paso lidiamos con la percepción de la información.

Contemplando un paisaje o viendo la televisión percibimos lo que vemos. Pero hay que aprender no solo a percibir la información, sino también a optimizarla, transmitirla. Tenemos que aprender a transmitir lo que recibimos.

El ejercicio para la transmisión de la información descrito arriba nos llevará a adquirir esta capacidad, y nos permitirá enfocar nuestro deseo en la realidad física. Hay que destacar un detalle. Durante la recopilación de información, debemos tener un objetivo claro...

viernes, 19 de marzo de 2021

Lección 1 del libro "La Vía del Corazón", Jeshua Ben Joseph (La Vía de la Maestría I)

 Lección 1

Ahora, comenzamos.

Y efectivamente, una vez más, os saludo a vosotros, queridos y santos amigos.
Vengo en adelante a pasar otra hora para morar con vosotros donde creéis que os encontráis. Porque en Verdad, si no fuera por el hecho de que estáis eligiendo enfocar vuestra atención en el mundo físico mediante el vehículo corporal, nuestra comunicación no precisaría del recurso que podríais llamar “canalización”, ni de las técnicas o aparatos tecnológicos de éste mundo con los cuales grabáis y capturáis palabras habladas, palabras que no son en sí mismas sino el reflejo de aquello hacia lo que ellas dirigen vuestra atención mental.

Por lo tanto, queridos amigos, no vengo por mí, sino por vosotros. Y no os vengo a enseñar, sino a amar, hasta que elijáis, desde lo más profundo de vuestro propio ser, dejar a un lado toda ilusión a la cual le hayáis dado crédito, y recordar la única Verdad que es verdad. Porque efectivamente, en ésta hora que aquí tenemos, se da la trascendencia de todo aquello que tenga que ver con limitación. Hay trascendencia de todo lo que tenga que ver con ir y venir, con nacimiento y con muerte. Y no hay sino la Mente de Cristo, en la cual, cada uno de nosotros, como una chispa de Luz Divina, como un rayo de luz solar para el sol, descansa eternamente en comunión y comunicación perfectas, siempre. Ahora bien, el gran secreto es, desde luego, que éste es el estado de vuestra realidad, pues en todos y cada uno de los momentos moráis en perfecta comunión con toda la creación, ya que todas las cosas no son sino modificaciones temporales de la energía única fundamental que he elegido llamar Mente de Cristo, la descendencia del Padre.

Y así, queridos amigos, vengo adonde vosotros elegís estar. Y si elegís abrir ese lugar en el corazón y en la mente en el cual podéis comunicar directamente conmigo, también allí os encontraré. Lo importante es, entonces, a modo de comienzo, considerar el simple hecho de que vuestra experiencia es siempre el efecto de dónde elegís enfocar la atención de vuestra consciencia, que en Sí Misma es por siempre ilimitada, y abarca la gran variedad de dimensiones de la creación.
Moráis en aquello que abarca todas las cosas, de todas las maneras, y en todo tiempo. Y, en Verdad, no conocéis separación, nacimiento o muerte, pérdida o ganancia.

En esta hora, al leer o escuchar ésta lección, reconoce cómo tú, un ser infinito, has elegido deliberadamente participar en una forma de experiencia. Por tanto, has convocado hacia ti mismo todo el aparato sensorial del cuerpo mediante el cual filtrar las energías de éste dominio físico para poder oír las vibraciones que baten las cuerdas vocales creando palabras que portan ciertos sentidos para todos y cada uno de vosotros. Y cada uno de vosotros va a colorear ese sentido de acuerdo –de acuerdo– a las percepciones que haya elegido valorar.
¿Eso significará que unos estarán más adelantados que otros? Solo lo parece. En realidad, cada uno de vosotros es igual; cada cual elige desde su infinita libertad para atraer hacia sí mismo ciertas frecuencias vibratorias, por así decirlo –ciertas cualidades o formas de experiencia–. En esa libertad es donde siempre permanecéis, desde antes de la fundación de éste mundo y mucho después de que termine de existir. Así es que en ningún momento podéis ser la víctima de lo que veis, y no hay nada fuera de vosotros. Lo que experimentas lo has atraído directa y deliberadamente hacia ti mismo. Y si tienes ese pensamiento que dice: “pues bien, no me gusta lo que he atraído hacia mí mismo”, es también perfectamente válido. Pues entonces habrás convocado hacia ti mismo la experiencia de estar juzgándote. Simplemente contempla con el asombro de un niño, mira a ver cómo te sientes, y pregúntate,
¿Es acaso esta la energía en la que deseo continuar, o elegiría algo distinto?
Pues al final, cuando todas las elecciones posibles en el sueño de separación han sido realizadas, probadas, sentidas, conocidas... entonces finalmente emerge la calmada, la tranquila Voz del Espíritu, que habla a través del alma –y volveremos sobre esto–, susurrando sobre la única Verdad y la única realidad, el único Amor, la única paz y la única dicha que son continuas.

Entonces, el alma comienza a apartarse de las cosas de éste mundo creado. Comienza a retirar su atención, por así decirlo, de sus apegos a todas las cosas que ha convocado hacia sí misma. Comienza a trascender su sensación de identificación con las frecuencias vibratorias que tan solo estaban destinadas a ser materia de juego, pero que luego se tomaron en serio. Pues la creación del ego es la seriedad en la mente, y solo con una gran seriedad se consiguen mantener las vibraciones de todo aquello que ya no querrías experimentar en el campo de tu ser, en el campo de tu alma.
Y a medida que tú, como alma –la chispa divina individual– comienzas a elegir retirarle la atención, retirarle el valor que has otorgado a todas las cosas, y al aprender a simplificar la naturaleza de tu propia consciencia, al comenzar a constatar que puedes rendirte ante algo que parece estar más allá de ti, que puedes albergar la loca idea de confiar en lo invisible... entonces, te haces cada vez más y más... menos y menos. Y a medida que te haces menos y menos de lo que tú creíais que eras, a cambio, te haces más y más de aquello que tu Padre te creó para ser –el Pensamiento de Amor Perfecto en la forma, un canal, un simple vehículo a través del cual puede brillar el Amor del Espíritu–. Y tu única tarea se convierte en la limpieza de tus ventanas, el pulido de tus suelos, el desherbado de tu huerto, de tal modo que esa Luz pueda derramarse sin trabas.
Ya no te verás más en la necesidad de defender percepciones con las cuales te has identificado en el error. Y efectivamente sabrás cuándo has llegado a ese estado de despertar, pues serás capaz de contemplar todas las cosas creadas que alguna vez hayas experimentado, todas las reacciones que alguna vez hayas albergado en la mente, todas las percepciones, juicios, o deseos que alguna vez hayas tenido por cualquiera o por algo... y todo ello, al surgir en tu mente, ya no perturbará tu paz. Y sonreirás. Y comprobarás que dentro de tu consciencia ha aparecido todo lo piadoso y todo lo diabólico. Has sido ambas cosas, un santo y un pecador, y tu felicidad e infelicidad solo han sido un efecto del lugar donde elegías poner tu atención.

Efectivamente, queridos amigos, vengo en adelante para encontrarme con vosotros dondequiera que estéis, porque he elegido usar el poder infinito de la consciencia, que me fue otorgado por mi Padre, tal y como te fue dado a ti, para descubrir así qué profundo deleite puede existir cuando la mente está enfocada solamente en ver desde, y en ver solo, la Mente de Cristo. Por lo tanto, he convocado hacia mí Mismo, hacia mi Yo, toda una multitud de experiencias, incluso cuando caminé sobre vuestra amada Tierra como un hombre... para poder desafiarme a mí mismo, para probarme a mí mismo, para condicionarme, para resurgir, para trascender toda posible experiencia que me pudiera distraer de la rememoración de quien yo soy.

Podríais decir, por cierto, que mi crucifixión fue meramente el punto álgido de mi propia elección directa a ser desafiado por los acontecimientos del espacio y del tiempo, de tal modo que pudiera cultivar, en mí mismo, la capacidad de ver desde, y de ver solamente, la pureza perfecta de la Mente de Cristo.
Lo que intento dejar claro es, que en todos y cada uno de los momentos, lo que estás experimentando en el ámbito de tus emociones y de tu mente, y los efectos –en último término– en el cuerpo, están ahí porque tú –desde tu infinita libertad– simplemente has seleccionado esa experiencia, esa energía, para enfocar tu atención en ella, de tal modo que puedas ver cómo son esos efectos.

La locura, como ves, no procede de haber elegido contemplar algo diferente de la Mente de Cristo. La locura, que experimentas como tu dolor y sufrimiento, tus búsquedas y tus dramas, solamente procede de la elección errónea de volverte alguien que está identificado con lo que surge en el campo de tu consciencia, de tu discernimiento. Tú, por tanto, pierdes la perspicacia de la inocencia. Pues, de hecho, todos los acontecimientos son perfectamente neutros, y eres libre de verlos de la manera que quieras.

Cuando nace un niño –y muchas que sois madres lo sabéis bien– puedes experimentar una inefable y profunda alegría. Igualmente, también puedes experimentar miedo y una cierta contracción ante la idea de tener que responsabilizarte de un niño. Cuando algún ser querido muere y experimentas pena y desdicha, ten por seguro que se debe a que has elegido contraer tu atención de tal modo que ya solo puedes ver la pérdida de un cuerpo animado y, por tanto, te convences a ti mismo de que te has separado de ese ser querido.

Hablo por propia experiencia cuando digo que la separación es una ilusión. Y cuando la muerte sucede en vuestro plano, en ése preciso instante, todavía tienes el poder de elegir aceptar que algo ha cambiado, y desplazar tu atención hacia una facultad que el cuerpo nunca podría albergar, en la cual percibes, escuchas y te comunicas con esa chispa de Luz Divina –el alma– que parece haber abandonado la idea de intentar mantener animada una forma física.

El siguiente paso es por lo tanto imperativo, y, de hecho, es el auténtico primer paso en lo que vamos a empezar a llamar La vía del corazón. El primer paso para despertar es permitir que la mente considere el axioma, la Verdad, de que no hay nada, en todo lo que experimentes, que esté causado por algo fuera de ti. Solo experimentas los efectos de tu propia elección.

Para comprobarlo, durante el año que tenemos por delante iremos caminando y añadiendo cosas, mes a mes, en lo que a partir de ahora elijo llamar La vía del corazón.

Este es el camino desconocido para el mundo. Es un camino desconocido para muchos que se llamarían a sí mismos “maestros espirituales”, ya que no descansa sobre medios mágicos, o no puede depender de ellos. Se trata más bien de la vía que cultiva en ti la decisión de dirigir tu atención hacia tu propia mente, tu propio comportamiento, hacia lo que es verdadero y real para ti, momento a momento... y para estudiarlo, considerarlo, sentirlo, respirarlo en la Luz del Espíritu cuando ésta pasa a través de todo ello... y además, re-entrenando constantemente la mente de tal manera que ésta pueda asumir una responsabilidad total en cada instante.

¿Y por qué es esto necesario? Porque sin ello, no puede haber paz. Sin ello no puedes trascender las identificaciones falsas que has elegido. Para utilizar quizá una forma más simple de decirlo: necesitas llegar al punto donde te dices,
Me he hecho esto a mí mismo. Yo lo hice, yo puedo corregirlo. No hay nadie más a quien acusar. El mundo es inocente.

Y en los meses venideros estaremos comunicando con vosotros cada vez más profundamente sobre los puntos más sutiles, por así decirlo, de La vía del corazón. Porque ésta es la manera, éste es el camino que se me enseñó, y es a éste camino hacia el cual quiero dirigirte con muchas, muchas claves. Éste es el camino que va a producir la inversión de cada pensamiento que alguna vez hayáis tenido, sobre cualquier cosa o sobre cualquiera. Es solo éste camino el que permite que paséis por el ojo de la aguja y lleguéis a descansar en la Paz Perfecta de la que habéis brotado.
La vía, la manera del corazón no es la del intelecto; porque ciertamente éste aspecto de la mente nunca estuvo diseñado para que te dominara. Fue diseñado para ser el humilde, y, si me permites la expresión, el muy estúpido servidor del Corazón Despierto. El Corazón es aquello que siente todas las cosas, acoge todas las cosas, confía en todas las cosas y permite todas las cosas. El Corazón es aquello en lo que el alma descansa eternamente. El Corazón es aquello que está más allá del espacio y del tiempo, y es esa chispa de Luz en la Mente de Dios que es llamada “el Cristo”. Y solo en Ello, en Aquel, encontraréis la paz que buscáis.

Descubriréis, entonces, que el camino del despertar no es uno donde se pida abstinencia y evitar las cosas, sino uno de veracidad. No es un camino de logro y orgullo, sino de soltar de la consciencia el lastre de cada esperanza y cada deseo de ser especial... especial como para considerarte alguien que ha “hecho progresos”, y tales progresos que bien podrías darte un golpe en el pecho y pavonearte. Se trata de trascender la esperanza de obtener la atención de Dios, de forma tal que Él te pudiera mirar y decir,
Oh, qué buena persona has sido... Sí, oh ¡cielo santo! Vale, entonces creo que ahora te permitiré entrar al Reino.
Se trata de un camino en el que llegas a cultivar –sin importar tu experiencia interior o grado de despertar–, a cultivar, en cada respiración, la disposición y el arte de regresar a la simplicidad de una mente vacía, de un no-saber. Es una manera de vivir en la que todas las cosas y todos los eventos se convierten en un aspecto de tu meditación y tu oración, hasta que quede establecida de nuevo en ti la Verdad que es verdad siempre,
Que no se haga mi voluntad, sino la Tuya. Porque por mí mismo no hago nada; es mi Padre quien hace todo a través de mí.

Imagina entonces un estado de ser en el que caminas por éste mundo, siendo aparentemente similar a cualquier otro y, no obstante, en una espaciosidad interior, vacío por dentro. En Verdad, no deseas nada, aunque permitas que el deseo fluya a través de ti, reconociéndolo como la Voz del Padre que guía tu personalidad, tus emociones, e incluso el cuerpo, hacia lugares, acontecimientos, gente, cosas, experiencias... por medio de las cuales se teje el tapiz de la Expiación, de la Reconciliación... a través de las cuales todos los Niños de Dios se sienten llamados a retornar a casa de nuevo. Y confías en el completo fluir de todo ello, ya sea que se te pida dar una charla frente a diez mil personas, o bien decirle a un amigo la verdad sobre tus sentimientos, o bien seas conducido quizá a barrer las calles y vivir sin dinero. Pues, en Verdad, esa mente que confía en la Fuente de su creación permite todas las cosas, confía en todas las cosas, abraza todas las cosas, y trasciende todas las cosas.

Ten por seguro entonces que cualquiera que sea la frustración y la ansiedad que sientas, se debe a que has decidido no confiar en la Verdad. Y la Verdad es simplemente esta: solo el plan de Dios para la salvación puede tener éxito para ti. Tu método siempre fracasará, pues comienza asumiendo, de forma ilusoria y demente, que eres un ser separado de la Mente de Dios, y que entonces necesariamente debes dirigir tu propio curso. Pero, si estás enfermo y con malestar, sin paz, ¿cómo pretendes decidir así que tú sabes cómo crear paz? Se requiere una gran humildad para aceptar el primer paso en el camino:
Yo he hecho todo esto; yo debo deshacerlo. Pero no tengo ni idea de cómo lo hice. Por tanto, debo rendirme a algo.

Quiero darte éste pensamiento, querido amigo, querida amiga, así como me fue dado a mí, tiempo atrás. Y el pensamiento es este (y te pediría que lo recapacitaras bien):
¿Y si la misma vida que estás viviendo ahora, y si cada experiencia que te ha estado llegando desde el momento en que dijiste “tengo que despertar ya”... y si todo eso... hubiera sido directamente enviado por tu Padre, porque tu Padre sabe todo lo que es necesario desvelar en tu consciencia para que tú accedas a tu despertar? ¿Y si las mismas cosas a las que te resistes fueran precisamente los pasos que se requieren dar para tu regreso a casa? ¿Y si alcanzaras una madurez a lo largo de éste camino con la cual finalmente estuvieras dispuesto a dejar que las cosas sean tal y como son?

Y si fuera necesario ponerse a barrer las calles, simplemente tomarías una profunda inspiración y dirías: “Padre, tú conoces el camino a casa”, y entonces comenzarías a barrer. Y ahora, llega este pensamiento a la mente,
Oh Dios mío, no seré reconocido. No destacaré. No pensarán que soy especial si solo soy un barrendero.
Y entonces, admites,
Ajá, no hay nada extraño en la idea de que mi Padre me pida hacer esto. Voy a dejar todo como los chorros del oro de modo que pueda contemplarlo, desidentificarme de ello, y aprender a ser la presencia del Amor barriendo la calle.

Porque en Verdad te digo que el más pequeño de vosotros, de acuerdo a vuestra percepción, es ya igual al mayor. Y no hay ninguno que sea menos de lo que yo soy.
Y así, La vía del corazón comienza por ahí. Comienza aceptando con humildad que tú has sido quien ha creado un buen lío en tu consciencia. Tú has creado un laberinto y te has perdido en él, sin reconocer ya la manera de poder regresar, que es ésta: por tu cuenta, no puedes hacer nada. Pues todo aquello que te has ingeniado para lograr no es sino la creación de un monumental conjunto de dramas dementes que, en Verdad, no están ocurriendo en ningún sitio salvo en tu campo mental. Son como quimeras, como sueños. En Verdad no hay diferencia alguna entre un estado de vigilia, en el que fueras el director de tu vida, y los sueños que tienes cuando tu cuerpo duerme de noche. Son lo mismo.

Deseo dirigirte hacia la paz, incluso hacia esa paz que trasciende para siempre toda concepción y entendimiento mundanos. Y también deseo, porque mi Padre lo desea a través de mí, llevarte plenamente adonde yo estoy para que puedas descubrir que existe alguien que llegó ahí antes que tú. Y cuando mires bien verás que,
Aaaah, si soy Yo Mismo. Siempre he estado allí, pero lo olvidé.
Y al final de todo viaje, al final de toda purificación –que de hecho es todavía necesaria– descubrirás que despertar significa no haberte ido de viaje a ningún lado. Significa llegar a una meta que nunca cambió.

Despertar es solo rememorar; pero se trata de un rememorar que no es solo del intelecto; pues no es una idea, tal y como podrías entender las ideas. Es una idea que vibra a través de todo el campo de tu ser, de tal modo que incluso las células del cuerpo –mientras el cuerpo todavía permanezca reunido en su forma actual–, incluso las células del cuerpo, despiertan y se relajan en la Verdad que siempre es verdad.
La vía del corazón... Si fueras un hortelano, ¿no cultivarías el arte de limpiar tu huerto? ¿No irías a ver si el suelo está en su justa humedad? ¿No mirarías las nubes en el horizonte y comprobarías el calor que hace hoy? ¿No cubrirías las plantas delicadas que necesiten más protección hasta que crezcan y sean más fuertes? Y si quienes vienen no quisieran respetar tu huerto, ¿no les pedirías que se marchen, o no pondrías temporalmente una valla hasta que el huerto estuviera lo suficientemente fuerte como para poder estallar dando los suficientes frutos de tal modo que puedas ofrecérselos incluso a quienes no lo respetan?

Sé por tanto como un hortelano sabio. Cultiva un profundo amor y respeto por ti mismo, pues no estás aquí para “arreglar” el mundo. No estás aquí para “arreglar” a tu hermano. Solo el Amor sana. Y hasta que no te hayas amado a ti mismo completamente, habiendo purificado la mente de todo pensamiento erróneo que alguna vez hayas tenido –hasta que no te hayas amado–, no podrás en Verdad amar cualquier cosa o a cualquiera, salvo en aquellos breves momentos cuando bajas la guardia y el Amor de Dios resplandece a través de ti tan rápidamente que ni siquiera puedes saber qué es lo que ha pasado. Pues el hortelano sabio cultiva un estado de consciencia en el cual el Amor de Dios no encuentra trabas.

Queridos amigos, aquellos de vosotros que habéis elegido responder a la llamada a participar en éste camino, con ésta Familia, si afirmáis vuestro compromiso confiando en vuestro Creador al haber colocado ante vosotros un camino que de hecho os puede llevar a casa, entonces, ciertamente, llegaréis. Pero el compromiso significa que no vas a abandonar la habitación cuando comience el griterío. El griterío del que hablamos está en tu propia mente, en tu propio cuerpo, en tus emociones. Se trata de que permanezcáis con esas cosas siendo honestos sobre ellas, y con amor hacia vosotros mismos por haber tenido alguna vez el poder de incluso crear tales percepciones dementes de vosotros mismos y del mundo alrededor.

El Método del corazón es el camino definitivo que cualquier alma puede tomar. Hay muchas etapas en el despertar. Hay muchos caminos que pueden seguirse, pero, al final, “todos los caminos llevan a Roma” –como se suele decir–. Finalmente cada alma debe encontrar su camino hacia La vía del corazón y regresar a la Verdad de que ha llegado el momento de asumir su responsabilidad, de aprender a cultivar la capacidad de contemplar las profundas y perversas oscuridades de eso que he llamado “ego” (y que no es nada más que la fosa séptica de la negación –aquello a lo que le falta Luz–), y comenzar a llevar la Luz ahí simplemente observando su propia mente, su propio comportamiento y reacciones... con una sensación de maravilla, con un sentido de inocencia, con un sentido de infantilidad.

Pues ¿no está escrito que para entrar en el Reino vas a ser nuevamente como un niño pequeño? El niño pequeño simplemente se maravilla de todo eso que ve: “y bien, ¿qué te parece?”. ¿Te puedes imaginar contemplando las más profundas y oscuras partes de tu propia sombra, tus negaciones, y siendo capaz de decir, “oh, mira, ¡qué te parece!”? Mmm. Recuerda entonces que todo es neutro, y que en Verdad todo aquello que surge en tu consciencia no tiene ningún efecto sobre la Verdad de tu realidad.
La vía del corazón es pues una manera de cultivar la decisión de identificarse con la Luz que puede iluminar toda oscuridad, mas no luchando contra esta, sino aceptándola, abrazándola como tu propia creación y eligiendo de nuevo. La vía del corazón es el método que yo enseño. Y ahora comenzamos un año de estudio más centrado, un año de cultivar algo juntos, por así decirlo, y para que La vía del corazón pueda establecerse en vuestra santa mente. Y vamos a ir bebiendo de muchas fuentes, pudiendo encontrarnos con alguna sorpresa en cuanto a quiénes elegirán hablar a través de éste vehículo [Jayem].

Pero ten siempre por seguro, y de todas las maneras, que me he comprometido conmigo mismo para dirigir gentilmente el nacimiento y la manifestación de lo que habéis llegado a llamar Shanti Christo [la Fundación que fundó Jayem]. La idea fue dada por mí. Y lo que doy, lo nutro. Lo que creo junto a vosotros, no lo abandono. Por tanto, vais a ver que siempre estaré aquí. Todavía está por ver si vosotros estaréis.

Así pues, recuerda siempre que la Verdad es siempre verdad. ¿No llegó ya el momento, queridos amigos, de tomar verdaderamente posesión de vuestra única realidad? La vía del corazón no conoce la palabra evitar. La vía del corazón no sabe de engaño, manipulación o control. La vía del corazón no conoce la culpa, la acusación, aunque contempla el surgimiento de todas esas cosas como ecos de viejos patrones que ahora se han quedado pequeños. Con ella se aprende a mirarlos y a reconocerlos tal y como puedes reconocer ciertos tipos de nubes que hay por el cielo, y luego, se aprende a redirigir la atención hacia la mente, para que así pueda llevarse a cabo una nueva elección.

La vía del corazón es la vía que te llama a casa. Y la llamada proviene de la parte profunda de tu alma que todavía existe a semejanza del Espíritu, que mora como Cristo en la Santa Mente de Dios. Confía pues en que eres como el rayo de luz solar para el sol. Y no confíes en las percepciones que has cultivado en el error. Pues no marchas solo por este camino por el que vas, y tu viaje no transcurre aparte del de tus hermanos.
Ésta Familia no puede conocer la separación aunque algunos parezcan ir y venir. Pues una vez que ha sido reconocida la llamada a despertar en éste linaje, aunque los cuerpos no se comuniquen en el espacio y el tiempo, ten por seguro que la comunicación permanece y que no hay forma de poder evitarla.

Y así, comenzamos La vía del corazón. Entramos ahora en una etapa donde es hora de dejar de escuchar desde una respetuosa amabilidad o desde la curiosidad... para entrar en la disposición a ser aquel que acepta comprometerse a sanar cada obstáculo que se interponga ante la presencia del Amor... cada obstáculo que aún pueda estar quizá secretamente oculto en las profundidades de esa parte de la mente que luchaba por estar separada de Dios. Es tiempo de recordar que verdaderamente eres la Luz que puede llegar a brillar amorosamente sobre cualquier aspecto de oscuridad con el que hayas tratado.

Así, durante éste camino, éste año, vas a aprender a darle la mano al demonio, danzando un pequeño baile con él, reconociendo su rostro como el tuyo propio. Pues cuando danzas con la oscuridad que tú has creado, esa oscuridad se ve transformada en un ángel, y la Luz permanece en la Luz.
Te daremos y presentaremos en adelante ciertas meditaciones, por así decirlo, ciertas prácticas energéticas para ayudarte a cultivar una cualidad del sentimiento que te permita reconocer las energías que ya no te sirven, y de una manera que trascienda lo que tu mente pudiera pensar de ellas, de tal modo que aprendas a ser guiado cada vez más por tu cuerpo, por así decirlo, por tu naturaleza sensible, y no por tu intelecto. Pues tu intelecto no sabe de otra cosa que de todas esas trivialidades que has amontonado en él, como la basura en el cubo de la basura. El intelecto nunca puede aportar la sanación del Corazón que es la Reconciliación. Solo puede ser utilizado para argüir contra las percepciones dementes a las que estás habituado, y de tal modo que puedas llegar a entender que quizá existe un bien mayor si abandonas tu empeño en tratar al intelecto como tu dios.

Por tanto, efectivamente, queridos amigos, danzad a menudo, regocijaos, jugad a menudo. Permitid que este año sea aquel en el que sacáis a la luz desde dentro de vosotros mismos todas las cosas que no sean dignas de la Mente de Cristo –cada pensamiento de escasez, cada sensación de no ser merecedores, cada miedo–. Permitid que todo eso llegue y miradlo, acogedlo, transmutadlo mediante vuestro propio amor por vosotros mismos y mediante vuestra honestidad. Aceptad dónde estáis y no pretendáis ser de otro modo, pues los más sabios son siempre los más humildes.

Estad por tanto en paz, queridos amigos. Estad en paz con todo. Porque nosotros nos deleitamos –y hablo de muchos “nosotros” que están en eso que podríais llamar “un estado desencarnado”, y que están eligiendo participar en esto con vosotros, que habéis pedido ser ayudados éste año mediante ésta vía–, ¡nosotros disfrutamos uniéndonos a vosotros! ¡Disfrutamos amándoos, esperando darle la bienvenida a vuestro Yo de nuevo a casa!
Por lo tanto, comenzamos ya a despedirnos, en ésta reunión, por hoy. Pero al acabar os pedimos que cerréis los ojos solo un momento y que toméis una profunda inspiración en el cuerpo... y soltéis. Y a medida que el aire abandona el cuerpo, pensad que ya no hay nada a lo que aferrarse que sea digno de manteneros alejados de vuestra paz y vuestra felicidad. Comprometeos –plenamente– a experimentar la felicidad, así como habéis estado plenamente comprometidos a la infelicidad, la limitación, la carencia. Éste año dadle plenamente a vuestro Creador el permiso de dejar limpio el sótano. No hay nada ahí que sea digno de ser defendido o protegido.
Y llegará a suceder lo que vais a reconocer como la perfecta paz del no-saber, del no-pensamiento. Sabréis lo que significa ser aliviados del acoso del tiempo y confortados por lo eterno.

Que la paz esté siempre con vosotros. Y nunca os permitáis, ni por un momento, creer que estáis solos. No tiene sentido que penséis que no estoy con vosotros. Habéis llamado. Yo me puse al teléfono. Estamos en comunicación. Ésta es la manera. Ésta es la vía. Éste es el camino, tal y como lo será hasta el final de la ilusión. Amén.


Preguntas y respuestas

Pregunta: ¿Qué es lo que te motiva? ¿Cómo transcurre el día para una persona iluminada? Aparentemente te has movido hacia un estado de Unidad con la Fuente mientras todavía mantienes una personalidad distinta, única. Aún eres un Yo, y sin embargo también eres Uno con Dios. ¿Puedes intentar describirnos este estado?

Respuesta: Querido amigo, ¿que qué es lo que me motiva? Los honores mundanos que se me hacen. Estar colgado en tantas paredes de tantas iglesias por todo el mundo; mmm, todos esos sacerdotes y ministros que, en gran número, se ganan bien la vida diciendo que enseñan mis enseñanzas, aunque enseñan miedo, culpa y juicio. Mmm, ¿que qué me motiva? Las apuestas que he hecho con mis “compañeros de batalla”, que a menudo piensan que estoy perdiendo el tiempo con la humanidad. Pues realmente hay muchos Maestros, en muchas dimensiones, que no vendrían a pisar éste plano ni con unos zancos de 10 kilómetros. Aunque te digo, querido amigo, que estoy hablando un poco en broma, como si fuera un deslenguado, aunque no posea una lengua.
Lo que me motiva es lo que te va a motivar a ti cuando la Mente de Cristo se despierte en tu ser, y su brillo haga palidecer cualquier otra posibilidad. Porque lo que te va a motivar a ti es la profunda apreciación de la Gracia que ha sanado tu mente, del gran Misterio del cual has surgido, que de cierto modo llega hasta aquí, hasta tus ilusiones, y te devuelve a Casa, y sin saber cómo. El Amor de tu Creador te motivará a medida que te conviertas cada vez más en un ser vaciado de yo, vaciado de miedo, de la necesidad de sobrevivir, de todo lo que no sea Amor... y te habitúes a ser cada vez más un instrumento de la paz.
Querido amigo, lo que me motiva es el mero hecho de que tú existes, y el que a veces, dentro de ti, tu alma pide a gritos regresar a Casa. Y como mi Padre me ha traído a casa, y como entonces conozco cuán perfecta es, ¿cómo no voy a extenderme hacia ti? Así, les digo, a tantos de mis compañeros que parecen desear evitar tener jamás nada que ver con la experiencia humana... les digo, simple y educadamente, asintiendo con mi cabeza no-física,
Bueno, sí, pero, ya veis..., sé que nadie regresa al Hogar hasta que todo el mundo lo hace.

Soy simplemente tu hermano. Y parezco estar algo más adelantado que tú, pero no obstante te digo que La vía del corazón debe cultivar en ti –y lo hará– el reconocimiento de que no existe nada ni nadie fuera de ti, y que solo el Amor tiene el poder de sanar. Y por lo tanto, cada ser que llega a tu vida es un aspecto de tu salvador, enseñándote a cultivar el perdón, la paciencia, y la disposición a no escuchar la voz del ego en ti, sino a confiar en la guía del Espíritu Santo para todos los asuntos, sin tener en cuenta cuán loca pueda parecerle esta guía al mundo. Lo que me motiva es la Gracia que me liberó de las ilusiones, que al mismo tiempo es la Gracia que ya está trabajando en ti para llegar a lo mismo.
¿Qué significa pasar el día en un estado iluminado? Me encantaría decírtelo, pero sucede que para mí no hay “días”, pues estos solo están en función del tiempo. El tiempo es algo de lo que ya no sé nada. No es algo que inunde mi ser. Solo permanezco en lo que es eterno. Y cuando el miedo haya sido completamente extirpado de tu ser, tú también conocerás la atemporalidad.
Hay un mensaje dentro de esta respuesta. Espero que estés escuchando.
Querido amigo, ¿que cómo es ser Uno con la Fuente de toda la Creación, y aun así seguir manteniendo una consciencia individuada? ¿Por qué no te lo preguntas a ti mismo? Lo sabes perfectamente bien. Pues en Realidad tú eres Uno con la Fuente. Y de nuevo, tal y como hemos dicho en el mensaje de ésta Lección, estás actuando siempre desde tu infinita perfección para convocar cualidades de experiencia, de energía, hacia ti mismo. Y eso es exactamente lo que yo hago. Solo que la única diferencia es que he elegido convocar solo las vibraciones más elevadas posibles, mientras que tú estás eligiendo decirte a ti mismo y decirme a mí,
Bien, sí, sí. Todo este asunto tan extático está muy bien, pero yo todavía deseo probar un poco más de drama y de sufrimiento. Solo quiero estar seguro de que he probado todo esto a fondo antes de abandonar este plano.
El mecanismo de elección en ti es igual que en mí, en todos los aspectos. Por tanto, entiende bien que si deseas saber lo que significa conocerte a ti mismo siendo Uno con tu Creador, mientras todavía exhibes una individualidad, simplemente empieza a observar con una perfecta inocencia tu propia mente, tus propias elecciones y tus experiencias, recordándote constantemente a ti mismo la Verdad que siempre es verdad: Que, así como un rayo de luz solar nunca puede evadirse del sol, o como una ola nunca puede salir del océano, sigues siendo tal y como fuiste creado. Y te ha sido otorgada una infinita y perfecta libertad, pues estás hecho a imagen de Dios.
Por lo tanto, querido amigo, considera bien qué es lo que deseas y tus intenciones. Pregúntate a ti mismo en cada momento,
¿En qué estoy comprometido realmente? Porque eso, aquello a lo que esté entregado, constituirá el foco de mi intención. Y la intención que enfoco me brinda la realización de mi deseo. Y lo que estoy experimentando, me guste o no, es siempre el efecto de mi deseo.

Pregunta: ¿Podrías comentar algo sobre el mundo de la sexualidad y de la expresión sexual para todos los que estamos comprometidos con un camino de evolución espiritual?
Respuesta: Bien, querido amigo, realmente si deseas comprometerte en un rol de espiritualidad genuina... debes colocarte en el cuerpo una de esas cosas que, según creo, se llaman cinturones de castidad. Debes separarte de todos aquellos que parezcan despertar sensaciones de cosquilleo en tu cuerpo. Mmm, debes censurar en ti mismo todo pensamiento que trate de cuerpos que se aproximan al tuyo. Mmm, y si esas cosas surgen, entonces ¡azótate con todos los medios posibles! ¡mmm!
Querido amigo, he dicho muchas veces que todos los acontecimientos son neutros, que todas las experiencias lo son. Por tanto, todo eso será precisamente lo que tú elijas que sea. “Sexualidad”... en tu mundo muchas mentes hacen que esto signifique la existencia de cierta yuxtaposición entre los cuerpos físicos, con un cierto tantear de las manos, los labios, las lenguas, y lo que sea que tengas. Pero, realmente, eso es solo el reflejo externo o la expresión simbólica de las energías que se encuentran en la mente.
Es más apropiado decir que toda la Creación es un acto sexual. Es una expresión de la energía que desea hacer nacer, dar a luz, con gran pasión –¡Creación! Y cualquier relación... entre dos cuerpos, entre la luna y el sol, entre la Tierra y el cielo... toda forma de relación es inherentemente la misma. Todas contienen en sí mismas la promesa, y el propósito, y el desafío de descubrir la unidad entre dos, o tres o diez. No importa.
Por tanto, la sexualidad, tal y como la entiendes en tu mundo, es solo lo que elijas que sea. No va a acelerar necesariamente tu despertar. Pero tampoco lo va a impedir necesariamente. En todo lo que te enfoques con santidad y pureza de corazón, lo que enfoques en cada relación desde el reconocimiento de que la Creación fluye solo a partir de la Mente de Dios y, por tanto, de la Luz del Amor, estará presente la presencia del Cristo –en aquel ante quien estés, o quizás, con quien te acuestes–. Lo que enfocas con santidad es santificado. Aquello que enfocas con secretismo, lo que enfoques con necesidad, es desmoralizado y destruido.

Me gustaría decirte, querido amigo, que no puedes trascender lo que antes no hayas abrazado o acogido. Por lo tanto busca bien en el alma para ver si le tienes algún miedo a la gran intimidad y vulnerabilidad que puede experimentarse en la sexualidad. ¿Hay algo dentro de ti en conflicto, que no te esté permitiendo beber verdaderamente de la belleza de la forma física de otro, detenerte en cada curva y cada hoyuelo, e incluso en cada pelo del cuerpo? ¿Puedes ver en ello éste gran Misterio? ¿Puedes detenerte lo suficiente como para perder el falso yo? ¿Puedes santificar el toque de la carne? Porque te digo que eres el creador de lo que experimentas.
¡La sexualidad es una gran cosa! No permitas que nadie te diga que la evité cuando yo era un hombre. Después de todo, ésta es toda la cuestión. Yo fui, después de todo, un hombre. Pero la santifiqué, para conservarla santa. Y la sexualidad puede ser experimentada en su totalidad meramente mirando a los ojos de otro y quedándote tú a un lado, pidiendo ver solo la Faz de Cristo. Porque en la sexualidad, ese gran anhelo en la humanidad, se trata de encontrar algún método, alguna manera de trascender el miedo, la culpa, la profunda opresión que es el ego, encontrando alguna manera de deslizarse entre las grietas y experimentar algún momentáneo éxtasis de unidad con la Unicidad.
Pero lo que te digo es que cultives la Realidad de la Unicidad en ti mismo, pues realmente encontrarás que todas las relaciones, ya sea con un cuerpo, con una brizna de hierba, o con el viento que acaricia tu piel... todas... serán sentidas como experiencias sexuales mientras dure el cuerpo. Permite entonces que ésta energía te inunde. Siente la bendición y el placer y el gozo de la sensualidad y de la sexualidad. Contempla cómo tienen lugar por todas partes en tu planeta, pues sin ellas, el planeta ni siquiera existiría.
Querido amigo, ¿acaso no has visto nunca a los niños pequeños corriendo desnudos por el campo y jugando con sus genitales sin el más mínimo remilgo? Ellos extraen de ahí un momento de placer y ocasionalmente pueden llegar a tocar a otro. Ahí no hay juicio, solo inocencia; y algunos adultos miran y dicen,
Oh, ¿no es lindo?
Y otros van y dicen,
¡Oh! ¡Oh Dios mío! Carlitos, por favor ¡tápate eso! ¡no puedes hacer eso!
Mmm,
¡María! ¡Bájate el vestido!
¿Por qué? ¿A qué le tiene miedo el adulto, si no es a la Vida misma?
Y no hagas de la sexualidad algo especial, sino más bien cultiva en ella el estado santificado de consciencia en el que tú deliberadamente eliges apartarte para permitir que Cristo ame a Cristo. La sexualidad es algo muy bueno si eliges emplear el poder de tu ser para santificarla, para que pueda hacerse santa. Porque lo que es santo da lugar a la plenitud. Lo que está fragmentado por el miedo, la culpa, la necesidad, o la mera lascivia, lo que está fragmentado así... conduce a la fragmentación en la propia consciencia de uno mismo.
Bendice la sexualidad. Permite que sea santificada. Y aparta todas esas encarnaciones que tuviste como monja en conventos, escuchando las falsas ideas de alguien que tenía miedo del cuerpo. Éste es solo un instrumento de comunicación. ¿Qué quieres entonces elegir comunicar a través de tu experiencia de la sexualidad?
Ten paz, querido amigo; y mientras el cuerpo dure mi sugerencia sería: ¡disfrútalo!

Pregunta: Entiendo que la sanación es lo que dice Jeshua en Un curso de milagros, aunque, ¿qué debe suceder para que los síntomas del cuerpo no estén ya en nuestra experiencia?
Respuesta: Querido amigo, la definición fundamental de sanación es tal como he dicho en ese texto que conoces como Un curso de milagros. Al considerar la sanación deberían ser barridas de ti todas esas esperanzas profundamente albergadas, esas oraciones, esas creencias y esa necesidad de que la sanación sea también algo que manifieste la perfección de la función corporal, de acuerdo a tus preferencias y deseos sobre el tipo de perfección que la función corporal debería manifestar.
¿Qué es entonces necesario para eliminar los síntomas? El milagro. Pero el milagro no es algo que esté bajo tu control. Escucha bien el mensaje de ésta primera sesión, pues en ella os he indicado ya, y lo he hecho deliberadamente, la respuesta a ésta cuestión; en ella la encontraréis. Pues tened por seguro, queridos amigos, que cuando en la mente surge la esperanza o el deseo de que un síntoma físico desaparezca del cuerpo, entonces, en ello, estáis observando una vieja creencia: Está surgiendo en vosotros la representación de algún aspecto de la antigua creencia en que el cuerpo es lo que vosotros sois. Y también estáis viendo surgir por tanto la creencia de que un malestar de cualquier tipo podría limitar vuestra capacidad de extender Amor, de comunicaros con toda la Creación y de estar en paz.
Podéis estar seguros de que cuando mis muchos amigos me vieron con una corona de espinas sobre la cabeza, pensaron,
Oh, pobre, Unigénito Amado, desde la creencia en que la espiritualidad necesariamente conlleva que se pueda vencer todo aquello que la mente haya juzgado como mal-estar.

A lo que trato de llegar con vosotros es a escarbar tan profundamente en las profundidades de vuestra psique como para poder sacar a la superficie la antigua creencia de que la verdadera espiritualidad se reconoce por la ausencia de todo malestar... la creencia de que, si estuvierais verdaderamente en plenitud, nunca surgiría nada así en el cuerpo. Además, os digo esto: ¿Qué sucede si en realidad cualquier instante en vuestra experiencia os hubiera sido literalmente traído hasta vosotros por el Padre, que es el único que conoce el plan perfecto para la sanación de vuestra mente?
Recuerda: No es posible trascender lo que no haya sido plenamente amado. Por lo tanto, enfocad vuestra atención en profundizar el amor del Yo, al explorar la experiencia de todo aquello que haya sido convocado en vuestra consciencia, ya sea en la forma de un malestar o en cualquier otra forma. Aprended a contemplarlo con la perfecta inocencia con la que contemplaríais cualquier otra cosa. Y mirad a través de ello para comprobar que a vosotros no os impide en ningún sentido ser la presencia ilimitada del Amor. No es una debilidad. Y no es algo que tenga que ser comparado con lo que os puede parecer que es “un cuerpo sano”. Pues los ojos del cuerpo no muestran lo que se encuentra en el alma del otro.
Querido amigo, hay una parte en ti que lleva un antiguo lamento. Permite que sea liberado, y la sanación llegará.