Reflexiones que ayudan a recordar que nuestro verdadero Ser unido eternamente al Creador
viernes, 4 de junio de 2021
El espacio del Alma, Espíritu y Pensamiento, Grigori Grabovoi
Restaurar la salud, con las enseñanzas de Grigori Grabovoi
PILOTAJE CREATIVO DE YELENA LOGINOVA
jueves, 3 de junio de 2021
La Vía del Corazón, lección 6
Lección 6
Ahora, comenzamos.
Y ciertamente, una vez más, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos. Ciertamente, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos. Si entendierais el significado de este saludo, si comprendierais cada término en toda su profundidad, ya sabríais todo lo que hay que saber. Y estaríais bien preparados para extender el Amor de Dios, para siempre.
“Ciertamente”, o “realmente”, significa que no hay más opciones. “Saludos para vosotros”, son saludos a quien fue creado del Padre, antes de todas las cosas, pues me inclino ante tu resplandor.
¡Saludos para ti, “querida” y santa Criatura de Dios! Ciertamente, amada de Dios. Ciertamente, amada por cada molécula en tu universo físico. Ciertamente amada por tu Santa Madre, esta preciosa Tierra. Ciertamente amada por cualquier cosa que imagines que existió alguna vez o que pueda existir alguna vez, y que se ha extendido a sí misma desde el Corazón y la Mente de Dios.
Eres el Amado, pura y simplemente. Y de nuevo, no hay otra opción.
“Santo”, ya que eres pleno, y no porque te hayas ganado esa santidad, sino porque ella es la Verdad desde la cual te extendiste para siempre; pues estás hecho a imagen de Dios, ya que brotas de la Mente de Dios. Eres la santidad misma cada vez que dejas a un lado la tentación de soñar un sueño inútil, y caminas por esta Tierra como el Cristo.
Querido y santo “amigo”. Un amigo no es alguien inferior a mí mismo. Un amigo es alguien que camina en perfecta igualdad, con el más grande de los maestros, sea quien sea quien concibas que ese maestro es. Un amigo, un amigo es alguien que elige mirar a otro para ver ahí solo la Faz de Cristo. Y no hay nadie en esta habitación, ni habrá ciertamente nunca nadie que escuche estas palabras, que no me haya mirado ya a mí y que no haya visto la Faz de Cristo adentro. E igualmente, yo te miro a ti y te digo “amigo”.
Pues cuando te miro, no veo esos sueños pasajeros que pareces creer que son tan duraderos. Solo veo el resplandor de aquello que mi Padre ha extendido desde el Amor. Solo veo aquello que no tiene ni comienzo ni fin. Y veo solo aquello que no conoce nacimiento ni muerte. Veo solo lo ilimitado. Solo veo eso, cuya Luz ya está extendida por todas las dimensiones y por todos los universos.
Veo solo a mi hermano y a mi hermana. No veo ni rastro de desigualdad entre nosotros. Y además, también reconozco que a ti, en tu sueño, te parece como si yo estuviera un poquito más avanzado que tú. Y a veces, en vuestros corazones, existe el anhelo de seguirme. Y si tan solo pudieras prestarle atención a ese anhelo, si pudieras hacer que ese anhelo fuera algo primordial en todo momento, tu propio deseo te llevaría plenamente adonde yo estoy. Y te reirías al descubrir que no te has movido ni un centímetro, al ver que donde yo estoy es donde tú estás, y donde tú estás es en la eternidad, y no en el tiempo; y que donde tú estás es en el lugar de tu nacimiento: la Mente de Dios.
Esta es la única cosa cierta, y cierta para siempre. Es la única realidad que posees genuinamente.
Por tanto, ciertamente, te llamo amigo. Porque compruebo con claridad que tú eres como yo soy, y por tanto, ciertamente, a vosotros os saludo, queridos y santos amigos.
Así que ahora podríamos detenernos. No hay nada más que decir. Y no obstante la mente echa a correr, ¿no es así? Y además echa a correr desde la misma realidad que te acabo de describir como la tuya propia. La mente echa a correr desde esa fuente, como un rayo de luz solar saliendo del sol.
Mas, en realidad, nunca abandona su Fuente. Y el mismo poder con el cual pareces poder distraerte, con un pensamiento momentáneo de miedo, es el mismo poder mediante el cual despertarás a tu propia llamada.
En Verdad, existe un lugar dentro de ti que ya sabe el día y la hora. Tú ya sabes cuándo estarás preparado para decidirte a vivir la decisión de despertar en Dios, de ser solo la presencia del Amor.
Y el amor abraza todas las cosas, permite todas las cosas, confía en todas las cosas, trasciende todas las cosas. El amor nunca es posesivo. El amor nunca teme. El amor es simplemente Amor. El amor no puede brillar de forma especial sobre nadie en ningún momento. Porque el especialismo, en sí mismo, es una contracción, es la tentativa de tomar el Amor y hacerlo brillar solo sobre un objeto, solo sobre una persona, solo sobre un ser, solo en un universo.
Por tanto, siempre que reconozcas que has aislado alguna cosa, o a alguien, y has dicho, “tienen un gran valor”, puedes estar seguro de que en absoluto estás en el Amor, sino en el miedo. Y por tanto, si ese ser fuera a abandonarte, ¿dónde te quedarías? Pero, si estás en el Amor, como un pez en el mar, todos los seres pueden surgir y pasar, y los bendices en su caminar. Y recuerdas que resides donde Dios te ha colocado. Y Dios te ha colocado en Su Corazón. Y cuando elijas ser solo la presencia del Amor, incluso el sueño de pérdida se disolverá de tu consciencia como la bruma en el bosque ante el sol de la mañana.
Ciertamente, queridos amigos, el Amor realmente espera vuestra bienvenida. Y no obstante, no podéis darle la bienvenida al Amor esperando que os sea traído a vosotros por algún otro, ni siquiera por mí. No podéis darle la bienvenida corriendo de un lado para otro intentando crear un entorno en el cual creéis que vuestras preferencias se verán satisfechas. No podéis darle la bienvenida al Amor cuando esa bienvenida está relacionada o asociada con alguna cosa fenoménica, con cualquier cosa que haya sido concebida en el tiempo. Al Amor solo se le puede dar la bienvenida allá donde el Amor realmente reside. Y el Amor reside en ti, como el Núcleo y la Fuente de tu mismo ser.
Por tanto, si quisieras conocer el Amor, conócete a ti Mismo, a tu Yo. Abraza la Verdad sobre ello y la Verdad te hará libre. Entonces, ciertamente, el Amor fluirá a través de ti. Y como la gran luz solar que viene a nutrir a esta amada Tierra vuestra, el Amor que fluye a través de ti se verá libre de trabas. No encontrará ningún obstáculo. Y contemplarás a quienquiera que se halle frente a ti reconociendo que te ha sido enviado por el Padre, que ha sido guiado hacia ti por el Espíritu Santo, pues a través de ti el Amor le puede ser dado bajo una forma que comienza a tocar ese espacio de su despertar. Por eso es por lo que no eres sino el servidor del Amor. ¡Eso es todo lo que la Vida es!
Cuando elijas rendirte, abandonar el juego, abandonar el sueño de intentar resistir la Verdad que es cierta sobre ti siempre, te harás un mero canal, un mero conducto. Ya no serás más un buscador, pues habrás decidido que has encontrado. Y, entregando el más pequeño vestigio de la demente posibilidad de contracción que te aparta de la Verdad, cuando hayas entregado eso, el Amor fluirá a través de ti. Pero date cuenta de que si fluye a través de ti, primero debe fluir hacia ti. Por tanto, busca siempre recibir para poder dar. Porque, ¿qué puedes darle a otro si todavía no te lo has dado a ti mismo?
¿A cuántos de vosotros se os ha enseñado a intentar amar, a intentar hacer lo “correcto”, lo “bueno”?… sea lo que sea que se suponga que eso signifique. Y, no obstante, ¿Cuántas veces os habéis dicho, en vuestra cámara secreta, “no soy digno”? Y entonces, te preguntas por qué tus tentativas de unión en Amor con otros nunca parecen ser lo suficientemente satisfactorias, nunca parecen llenar la copa lo suficiente, nunca parecen suscitar toda la alegría que crees que podrías encontrar ahí. Porque ciertamente, escucha bien, tu trabajo, si lo quieres llamar así, no es buscar y encontrar el Amor, sino meramente dirigirte hacia dentro para poder desvelar todo obstáculo que hayas interpuesto ante su presencia, y ofrecer ese obstáculo al gran disolvente de los sueños, a la gracia del Espíritu Santo.
Te he dicho muchas veces que el mayor de los regalos que puedes ofrecer es este: llegar plenamente al reconocimiento de que, en todo intento que has probado para resistirte a ser la presencia del Cristo, has fracasado miserablemente; todos te han fallado miserablemente. Y, sin importar cuántas veces te hayas intentado convencer de que no eres digno, el universo encuentra una manera de amarte. Sin importar cuántas veces hayas intentado enclaustrarte a ti mismo en el espacio y el volumen de un cuerpo, no has tenido éxito. Y en la muerte, has recordado y te las has visto con el esplendor de tu ilimitación. Por tanto, ciertamente, el mayor de los regalos que le puedes dar a otro es ser alguien que haya prescindido de la necesidad de insistir en la demencia del miedo.
La ausencia de miedo es la primera característica de la maestría. Y en la maestría no se trata de tener un gran poder para conseguir que ocurran cosas. La maestría es solo el reconocimiento de que lo que es verdad es siempre verdad, y que no hay otra elección.
El libre albedrío no significa que tengas derecho a creer que puedes tener éxito en ser distinto de lo que Dios te creó para ser. Tener libre albedrío no significa que puedas elegir no seguir el plan de estudios que la Vida te ofrece en cada momento. Solo significa que sí tienes el derecho a posponerlo para otro día más. Y, cada vez que lo pospones, caes dormido en tu sufrimiento.
Pero cuando eliges seguir el único plan de estudios que importa, cuando eliges usar el poder de tu libre albedrío para decir:
Ahora, desde este momento, ya no toleraré más el error en mí mismo. No más juegos, no más sueños.
Me comprometo a ser solo la presencia del amor, pues esa es la Verdad de quien yo soy.
No importa lo que digan otros que aún se resisten a tal decisión.
…entonces, ciertamente, todas las cosas en el Cielo y en la Tierra se moverán para apoyarte, para guiarte hacia la persona correcta, el lugar adecuado, el libro correcto, el amanecer correcto, la pradera adecuada, para poder asistirte en la labor de retirar las cadenas de los obstáculos interpuestos ante la presencia del Amor, los obstáculos que has creado como ídolos y como sustitutos del Amor.
Y por eso es por lo que cuando realmente rezas desde las profundidades de tu alma, “Padre, llévame a casa”, puedes estar seguro de que, desde ese momento, será bueno para ti confiar en cada pequeño detalle que se despliegue.
Pues, aunque no lo veas, aquellos que llamarías ángeles –amigos que simplemente no tienen cuerpos– corren de un lado a otro apresurándose ante tu orden,
Sí, acepto vuestra presencia en mi vida. Entrego todo este asunto. Ahora, cada momento, lo dedico a la sanación y a despertarme de esta sensación ilusoria de separación de Dios, esa que una vez yo creé en el error.
¡Amor! ¿De cuántas maneras lo has buscado? ¡Mmm! ¿Podrías contarlas? ¡Mmm! ¿Estarías dispuesto a contar cada granito de arena en las playas de tu planeta? Pues ten por seguro que todas y cada una de las almas ya han intentado buscar el Amor de todas esas maneras, si no más. Lo has buscado en las millones de formas que tú ya sabes que no podrías encontrarlo. Y todo porque querías perpetuar el intento demente de tratar de separarte a ti mismo de Dios. Y eso es tan fútil como si un rayo de sol intentara separarse a sí mismo del sol.
Ciertamente, queridos amigos, solo hay una cuestión a responder,
¿Qué estoy eligiendo en este momento?
- ¿A qué le he entregado el dominio sobre mi vida: a qué percepción, a qué pensamiento, a qué sentimiento? (ya que el sentimiento meramente fluye del pensamiento o la percepción que hayas elegido).
- ¿Qué comportamiento, qué acción estoy eligiendo en este momento?
- ¿Eso expresa la realidad de mi ser?
- ¿Estoy ocupado extendiendo Amor, o bien intentando agarrarme con miedo a lo que creo que puede dármelo de tal modo que no lo pierda?
Mira bien, entonces, a tus padres, tu familia, tus compañeros, tus amigos. Ninguno de ellos, ninguno de ellos, tiene el poder de traerte el Amor hacia ti. Así que, ¿Qué es lo que estás intentando sacar de ellos? ¿Por qué insistes tanto en que otro debería ajustarse a lo que crees que tú necesitas?
Es fútil, es cien por cien fútil, es extremadamente, es absolutamente fútil buscar el Amor en la relación con algo o alguien.
Es, sin embargo, muy apropiado extender el Amor en cada relación, con cada cosa y con cada cual.
Pero la extensión de ese Amor requiere que hayas despertado a la Verdad de que la única relación que tiene valor es la relación entre tú, como alma, y el Padre, o Dios, como tu Creador.
Imagina que una bombilla de luz, en una de tus lámparas, mirara hacia fuera desde sus pequeños filamentos y dijera,
¡Mmm! Vale, espero que la persona que acaba de entrar por la puerta sea la correcta. Si solo pudiera llegar hasta ahí y tomarla, quizá mi propia luz podría encenderse.
Mmm. ¿No es mucho más fácil simplemente tomar el cable y meterlo en el enchufe correcto?
¿Cuántas veces has insistido en intentar meterlo en el lugar incorrecto? ¿Mmm?
Bien, ese no funcionó. Vamos a ver con este otro cuerpo, intentaré con esta persona, esta carrera. Mmm. Y al no sacarle tampoco demasiado jugo a eso… entonces… ¡Ah! Bien, sí había un poco de jugo.
Y entonces te quedas hambriento porque no te está dando suficiente jugo, o bien, sí que te lo dio ayer, pero no hoy, así que todo debe ser por su culpa. ¡Mmm!
Solo hay un pequeño enchufe donde puedas meter tu cable. Solo hay uno que se ajuste, y es el único que está operativo como para poder brindarte las Fluyentes y Vivientes Aguas de la Gracia. Y ese enchufe está solamente dentro de tu Corazón –no el físico, sino aquel que es simbolizado por el corazón físico: el núcleo mismo de tu ser.
Pero, ¿cuántas veces al día miras a ver si el cable está enchufado ahí? ¿Cuántas veces recuerdas preguntarte a ti mismo,
¿Mi compromiso es el del Amor, o es el del miedo?
El miedo es el arte de desconectar tu cable del único enchufe que verdaderamente te satisfaría, y te hace corretear para intentar enchufarte a alguna cosa más o a alguien más. Y te pido que consideres solo esta cuestión al contemplar toda tu experiencia: ¿ha funcionado alguna vez? ¿Puede alguna vez funcionar?
Imagina que aprietas los dedos contra tu mano tratando de contener el agua que fluye por la palma de tu mano. ¿Con cuánta te quedas? ¿No se escapa por mucho que los aprietes? Encuentra pequeños agujeros y se va. Abres tu mano y no queda suficiente como para poder siquiera humedecer la lengua. Y no obstante, cada vez que miras a otro –padre, pariente, amigo, compañero, profesor o lo que tengas–, cada vez que has contemplado un objeto físico y te has intentado enchufar ahí para
extraer el jugo que creías necesitar, eso es lo que estabas haciendo. Y literalmente acababas exprimiendo la mismísima vida de la relación, expulsándola.
Pero en Verdad, cuando buscas primero el Reino y enchufas tu cable en el enchufe dentro de tu corazón, cuando recuerdas que tú y tu Padre sois Uno, que solo el Amor es real y que nada más importa… entonces, quizá sientas algo, algo que quizá te esté diciendo esto: “pero…, pero…, pero… pero…”. Y esto no es más que el eco de un viejo hábito. Y ese hábito no puede seguir vivo a menos que tú lo alimentes.
Por tanto, alimenta el único hábito que sí importa: el de recordar que la Verdad es verdad siempre, pase lo que pase ante tus ojos físicos, y, por tanto, ante tu mente. En todas las idas y venidas, nacimientos y muertes, en todo surgir y pasar de universo tras universo tras universo, en medio de un pinchazo o de una repentina tormenta, nada –nada– tiene valor excepto tu relación con tu Creador.
Cuando has experimentado, en relación con cualquiera o con cualquier cosa, un momento de éxtasis, un momento de esa paz que siempre sobrepasa todo entendimiento, un momento de realización tan dulce y tan sublime que ninguna palabra podría ni rozarlo, y mucho menos expresarlo, lo que has experimentado es solo el fluir del Amor de Dios a través de ti. No era algo provocado por esa persona o cosa. Fue provocado porque, por solo un momento, te saliste de tu drama, de tu sueño, y permitiste que la Verdad fuera vivida.
Entonces, por supuesto, te engañaste a ti mismo, Dios, ¡fue tan dulce! Ha sido lo mejor que haya probado alguna vez. Debe haber procedido de ti, así que ¡ven aquí! ¡Te necesito!
Si alguna vez creíste que necesitabas algo o a alguien, ten por seguro que en ese momento estabas viviendo en el engaño.
Todo lo que necesitas es Amor. El Amor satisface todas las cosas. El Amor abraza todo. El amor sana todas las cosas y el Amor transforma todas las cosas. Por tanto, ciertamente, recuerda bien que tú, y solo tú, puedes convertirte en la causa, por así decirlo, de tu realización, de tu paz, de tu consumación del tiempo. Y esto requiere que tú no hagas nada salvo recordar establecer la conexión con tu Creador.
¿No es cierto que lo que deseas más que nada es el Amor? ¿No es cierto que intentas, o al menos esperas, que cada relación, sin importar lo breve que sea, sin importar su forma, que cada caminar, que cada proyecto, te permita experimentar la paz? ¿No es cierto que tú, que te encuentras transitoriamente en un cuerpo dentro del tiempo, no es cierto que las más grandiosas experiencias que has conocido han sido aquellas que parecían inundar las mismísimas células de tu cuerpo con Amor, con un sublime éxtasis y con paz?
Acepta esa Verdad: que por encima de todo deseas la experiencia viviente del Amor. Y entonces recuerda que nada de lo que haces te puede brindar ese Amor. Nada de lo que hagas puede mantener el Amor bajo la forma que hayas elegido. Nada de lo que hagas –nada de lo que hagas– puede hacer que el Amor se muestre de acuerdo a tus exigencias.
Mas, soltando el drama, soltando el sueño, eligiendo recordar la Verdad que siempre es verdad, regresando al Reino adentro, incluso antes de cada inspiración, y recordándote a ti mismo decirle a tu Creador, Solo quiero aquello que es verdad siempre. El amor es lo que quiero. Amor es lo que Tú eres. Amor es lo que recibo. Amor es lo que yo soy. Yo y mi Padre somos Uno.
Con esto, y solo con esto, descubrirás lo que buscas.
Y entonces te conviertes en alguien libre para caminar por esta Tierra, para estar en ella, pero sin ser de ella en absoluto. Y aunque tus amigos te miren y todavía contemplen a un hombre o a una mujer que parece actuar de forma parecida a ellos, no obstante, aunque ellos no lo vean, Cristo está con ellos.
Y algo en ellos hará que les atraigas. No estarán seguros de lo que es. ¿La forma de tu cuerpo? ¡Mmm! ¿El resplandor de tus ojos? No es eso. Sienten la cualidad del Amor. ¿Puedes imaginarte caminando por esta Tierra, por este mismo planeta en el que os encontráis, y sin importar dónde estés, sentirte como si cada retazo de nube y cada brizna de hierba, y todas las cosas buenas del Cielo y la Tierra estuvieran ya contigo, albergadas en la esfera de tu semblante?
jueves, 27 de mayo de 2021
La Vía del Corazón, Recopilatorio de la lección 5.
Recopilatorio de la lección 5.
LVDC requiere del compromiso.El camino no será comprensible para el mundo, tampoco para vosotros. Caminarás de misterio en misterio.
Reconoce que no estás viviendo una vida, sino que es la Vida la que te vive.
Observar lo que surge desde un espacio de calma, ecuanimidad, aceptación y perfecto amor. Así desarrollamos una cualidad de la Consciencia: el Testigo.
Ya nada es inaceptable para ti. Sabes que solo lo aceptado podrá ser transcendido.
Nada puede obligarte a nada. Habitas en la “no necesidad"
Sin necesidad de dirigir tu viaje. Estarás en Paz, y en esa Paz el Aliento de Dios se moverá a través de ti. Habitando en perfecta confianza y descanso. Tu Padre te reconocerá y tu conocerás a Dios.
Por mi mismo no hablo nada; más, a través de mi, el Padre hace todas las cosas. Siendo canal a través del cual mana el amor.
Sin la necesidad de ir a ningún sitio, sin tener que conseguir nada, espacioso y vacío…
Activar la cualidad de discernimiento, llamada el Testigo, desde la cual fluyes movido por el viento del Espíritu. Así, todo lo que pronuncies tendrá la vibración de la Verdad.
Ya no vives para ti mismo. La Fuente se expresa a través de ti para servir al despertar de toda la Creación a la Verdad de la Presencia de Dios.
El deseo lo es todo. Desea pues una perfecta unión con Dios. Ser Cristo encarnado. Así, nada te resultará imposible, pues no eres tu quién lo hace.
El deseo en el tiempo se cultiva mediante la intención. Mantenido como un haz de luz láser para atravesar toda la porquería del mundo.
Diariamente:
- ¿Qué es lo que más deseo?
- ¿Qué estoy haciendo en éste planeta?
- ¿En qué estoy comprometido?
Mi intención es usar el tiempo constructivamente para reaprender lo que significa habitar en el Reino del Cielo y cumplir con mi función. Y mi función es la sanación. Y la sanación requiere la presencia de Cristo, porque solo Cristo puede expresar el Amor que da vida a la sanación.
El deseo y la intención son de una importancia crítica.
Reconocimiento de que ya eres amado por la única Fuente que importa. Que has venido por un propósito elevado que puede hacerse manifiesto a la manera del mundo, pero que no es del mundo.
La tercera etapa es la del Permiso: en la que cultivas una cualidad de discernimiento en la que descansas al reconocer que tu vida, ya no es la tuya propia. Se la devuelves a la Fuente de tu propio Ser, a esa profundidad del océano que si Sabe.
El permiso cultiva la confianza. Cambia la percepción del mundo, pues ya no te crees los pensamientos que antes parecían los tuyos.
Cuarta etapa: Rendición. Vivo pero no yo, sino Cristo quién Mora cómo yo mismo.
No se haga mi voluntad sino la Tuya.
Deseo, intención, permiso y rendición.
Sabrás que el cuerpo-mente que una vez pensaste que era tuyo, es poco más que un recurso temporal de enseñanza, una herramienta a ser tomada y utilizada bajo la dirección de Dios, y a ser dejada de lado cuando su utilidad termine. Capaz de observar incluso el proceso que tu mundo llama muerte con total ecuanimidad y gozo. Verás a tu espíritu desprendiéndose del cuerpo…
Se siempre humilde. Y la humildad genuina fluye del reconocimiento bien asentado de que tú no puedes salvarte a ti mismo, de que eres creado y no Creador, de que eres efecto y no Causa, (en un sentido absoluto) de que algo llamado Vida no es tuyo, de que hay algo que está más allá de controlar y comprender intelectualmente. Cuando te des cuenta de que tu pequeño yo nunca podría abarcar la Fuente, descansarás en la humildad genuina.
Según degustas la magnificencia y la grandeza que querrían fluir a través de ti, descubrirás que los “enemigos" se hacen más sutiles.
Siempre que escuches una voz en ti mismo diciendo, “conseguido", debes estar seguro de que no es así, y que estas en peligro de perder lo adquirido.
La humildad es el reconocimiento de que cuanto más te dirijas hacia la maestría, más existirá el deseo de disciplina y vigilancia. La disciplina es como la habilidad de un artista que la cultiva y la refina simplemente desde el profundo deseo y deleite de crear más bellamente.
Mientras el cuerpo dure, las creaciones de consciencia que son desemejantes al Amor han creado todo un conjunto de patrones vibratorios que simplemente estarán encantados de empujarte hacia abajo.
La disciplina es el reconocimiento de que puede ser un deleite repetir conscientemente la decisión de enseñar solo Amor, y elegir selectivamente los patrones vibratorios en tu consciencia, siendo admitidos en ella solo los que reflejen la Verdad, la belleza y la valía de quién tú Eres.
Un maestro acepta el Amor ofrecido, la gratitud ofrecida por aquello a quienes sus enseñanzas han tocado, y ofrece todo eso a Dios, reconociendo que solas, todas esas cosas, no podrían haber sido hechas.
Recordar la simplicidad de que, por mi mismo no puedo hacer nada.
Cultivar el arte de ser siempre un estudiante del Amor.
Practicar la disciplina y la vigilancia, recordando siempre la humildad, hasta que te encuentres recordándola en cada respiración.
La obscuridad aborrece la Luz.
Cuando no reclamas nada para ti mismo, todas las cosas pueden fluir a través de ti.
No distorsionaras el Amor de Dios usurpando la posición de Dios, poniéndote tu mismo en el trono.
Cuando reces pide grandeza. Solo el amor de Diós puede llenarte a ti como Alma.
Cuando estés dispuesto a soltar el mundo, el Cielo vendrá para reemplazarlo.
Paradoja en el Espíritu; humildad y grandeza. Aprende a discernirla.
Nunca descuides la necesidad de disciplina, apoyándote en el cimiento de la humildad.
Fuente, Creador, Dios, Diosa, todo lo que Es, Abba, estoy preparado para ser lo que Tú me has creado para Ser. Elijo recordar que soy efecto y no causa. Que se haga Tú voluntad, sabiendo que ella es mi plena felicidad. Revela entonces esa Vía a través de la cual puede ser conocida dicha felicidad. Porque mi manera nunca ha funcionado, pero la tuya siempre lo hace.
Recuerda cada día la energía del agradecimiento.
La Vida es la presencia del Amor de Dios. Di si a Ella, y permanece en la consciencia de la humildad divina.
El gran deleite de saber que vivimos, pero que no vivimos nosotros, sino nuestro Creador, que vive en tanto que nosotros.
El maestro ha dominado el arte de ser siempre un estudiante.
Deseo, intención, permiso y rendición. No estás aquí para sobrevivir, estas aquí para vivir como la Verdad de quién tú eres.
Permiso: Hay una inteligencia, un Amor que te conoce mejor que tú mismo, y que te está presentando, minuto a minuto, joyas, gemas, lecciones y bendiciones… entreteniendo el tapiz de tu vida, sin que nada suceda por accidente.
Rendición: la Voluntad de tu Padre es que vivas sin conflicto, en paz, con alegría, realización y felicidad; eso que se llama éxtasis.
Humildad: ¿yo me creé a mí mismo? Estado de divina ignorancia. Permite así que el Creador se mueva a través de ti, revelándote todas las cosas.
Tus opiniones te parecerán insignificantes, y desde un grandioso vacío descubrirás una paz perfecta.
La Vida te llevará sobre sus alas, y a través de ti, expresará cada vez en una mayor dimensionalidad, el exquisito e infinito Amor, Poder y Creatividad que Dios Es, hasta que jures que Dios es todo lo que hay. Y no encontrarás ni rastro de ti mismo en ningún lugar.
¿Puede la ola dirigirse a sí misma? El ego es el intento de ello y siempre fracasa.
Permite que la Paz inunde tu ser en todo momento. Y reconoce que estás a salvo en el Amor de Dios que surge de esa gran fuente de misterio, que querría moverse a través de ti con cada respiración que tienes y con cada palabra que dices, hasta que solo escuches ese ímpetu de la guía que mana desde lo más profundo de tu ser como una suave Voz en la que confías completamente. …Así, conocerás la libertad que buscas.
Estad por tanto en Paz, queridos amigos.
Jeshua 🙏💜
jueves, 6 de mayo de 2021
Lección 5 del libro "La Vía del Corazón", Jeshua Ben Joseph (La Vía de la Maestría I)
Lección 5
Ahora, comenzamos.
Queridos amigos, saludos para vosotros. Venimos aquí en esta hora a continuar este camino que fabrica la estructura, la carretera, por así decirlo, mediante la cual podéis aprender a marchar por La vía del corazón y a dominarla.
Una vía, una manera, un método, en la vida, significa haber elegido, de entre todas las posibilidades, aquella que permanecerá siendo la que os habéis comprometido a seguir, el camino al cual dedicáis toda vuestra atención aplicándoos en la voluntad de seguirlo. Y de la misma manera que cuando hacéis un viaje por vuestra Tierra, al comprometeros a hacer el viaje os servís de experiencias que no podrían llegar a vosotros de ninguna otra manera.
Cuando vais a la universidad para estudiar una carrera o un grado, y aunque comencéis con una cierta idea de lo que puede contener o brindaros esa experiencia, ¿no es cierto que las relaciones que se dan por el camino, o el conocimiento que se revela ante vosotros, e incluso el resultado tras obtener el grado, siempre parece ser diferente y mucho más rico que lo que podríais haber imaginado cuando comenzasteis vuestro viaje?
Por tanto, entiende bien que La vía del corazón requiere estar dispuesto al compromiso. Y el compromiso no es más que una decisión deliberada de que algo va a ser de un cierto modo. Y, así como ocurre con todos los aspectos de la experiencia que has conocido desde siempre, cuando todo vuestro ser se ve involucrado en la voluntad de tomar una decisión, no hay literalmente nada que pueda evitar que logréis vuestra meta. Tened por seguro entonces que siempre que creáis que no habéis tenido éxito o que no habéis llevado a buen término alguna decisión alimentada por el deseo, se debió simplemente a que no estabais plenamente comprometidos –lo cual significa que decidisteis cambiar de opinión. Y, al cambiar de opinión, literalmente cambiáis lo que experimentáis en el mundo, en el sistema solar en el cual vuestro yo da vueltas.
Entonces, La vía del corazón requiere ciertamente de la decisión de un compromiso. Y tened por seguro, os digo, que cuando os comprometáis plenamente a descubrir La vía del corazón, descubriréis una manera de estar en el mundo que no es de él. Descubriréis una manera de caminar por la vida en la cual experimentáis ser elevados por algo que parece estar siempre más allá de vosotros, aunque esté dentro, como el centro y la esencia de vuestro mismo ser. Vuestro camino no será comprensible para el mundo. Vuestro camino no será comprensible ni para vosotros. Estaréis viviendo desde el misterio –desplazándoos de misterio en misterio–, elevados y transportados por algo que os da satisfacción y realización en lo más profundo de vuestra alma, mucho más allá que cualquier cosa que ahora podáis imaginar.
¿Así es que merece entonces la pena comprometerse con La vía del corazón? ¡Sí! La vía del corazón culmina con el reconocimiento de que no vives la Vida en absoluto, sino, más bien, que la Vida está viviéndote. Una de las características es el desarrollo del testigo –una cualidad de consciencia, una manera de ser, en la cual pareces ser testigo de cada cosa que surge y que fluye a través de ti y alrededor de ti, desde un lugar de calma absoluta.
La calma no significa falta de actividad. Significa no apegarse a la actividad –ya sea el surgir y la remisión de un cáncer en el cuerpo, o el surgir y la desaparición de relaciones, o el surgimiento y la desaparición del sistema solar. Descubrirás que hay un lugar dentro de ti desde donde puedes observar todas las cosas con una ecuanimidad perfecta, con perfecta aceptación y perfecto Amor.
Pues al dominar La vía del corazón descubrirás que nada es inaceptable para ti. Y solo lo aceptado puede ser trascendido. Descubrirás una manera de ser en la que ya nada puede obligarte a nada –ni siquiera el deseo de conocer a Dios te obligará a nada nunca más, pues la necesidad de ello ha sido satisfecha.
Entonces, surge una manera de estar en el mundo que ciertamente no es de él, pues no sentirás inquietud, y ninguna necesidad de dirigir tu viaje. No surgirán preguntas. Estarás en paz. Y en esa paz, el Aliento de Dios se moverá a través de ti. Y te convertirás en algo que es como el viento, no sabiendo de dónde vienes o adónde estás yendo, pero habitando en perfecta confianza y descanso. Y el mundo puede que no te reconozca, pero tu Padre te reconocerá –y tú conocerás a tu Dios.
Con La vía del corazón, la percepción más primordial y fundamental que parece avivar la consciencia humana ordinaria ha sido finalmente trascendida. La percepción de un creador y ejecutor que está separado ha sido disuelta, y una vez más entenderás la intensidad y la profundidad de los simples términos de esta afirmación,
Por mí mismo, no hago nada; mas, a través de mí, el Padre hace todas las cosas.
Descansar en esa percepción significa que has llegado a constatar que el yo, el ser que tú eres, es meramente un canal a través del cual el Misterio se vive a Sí Mismo, a través del cual mana el Amor. Constatarás que no hay nada que pueda ser ganado o perdido en este mundo. Sabrás lo que significa reconocer que literalmente no tienes que ir a ningún sitio, y que no tienes que conseguir nada. Te harás espacioso y vacío.
Y no obstante, paradójicamente, mientras el cuerpo dure, te parecerás a cualquier otra persona. Te levantarás por la mañana y cepillarás tus dientes. Cuando el cuerpo tenga hambre, lo alimentarás. Te reirás con tus amigos. Bostezarás cuando el cuerpo esté algo cansado. Y, no obstante, en todo eso, habrá una cualidad de discernimiento –llamada el testigo– que simplemente está observándolo todo, esperando a ser movido por el viento del Espíritu. Y, aunque otros puedan no verlo, virtualmente todo lo que pronuncies transmitirá la vibración de la Verdad.
No sabes cómo trabajará el Espíritu a través de ti, ni te importará. Porque, como ves, cuando no hay hacedor, creador o director, ya no te importará. Eso es lo que significa vivir como el viento, porque el viento no se preocupa por dónde está o por el lugar hacia donde va. Es movido por alguna fuente misteriosa que no puede ser localizada en absoluto. Y no obstante sopla, y según sopla, se experimentan sus efectos.
Imagina entonces una vida en la que todo lo que haces no es para ti mismo. Imagina una manera de vivir en la que lo que tú haces no es para nadie más. Imagina una manera de vivir en la que la creatividad, viviente, fluye desde una Fuente tan profunda dentro de ti y alrededor de ti que no hay lenguaje ni dogma que pueda contenerla –una Fuerza y una Fuente que sabe cómo expresarse a Sí Misma a través de ti de tal modo que está constante y solamente sirviendo a la Reconciliación, al despertar de toda la Creación a la Verdad de la presencia de Dios.
La vía del corazón, entonces, ciertamente se despliega, por así decirlo, a lo largo de un cierto camino. Y en esta hora, abordaremos las etapas de este camino en un sentido general. Y hablaremos de las características más importantes a ser cultivadas a lo largo del camino.
Primero, el deseo lo es todo, y sin él ninguna cosa puede surgir. Por tanto lo que tú deseas es ciertamente de la mayor importancia. Desea, pues, una perfecta unión con Dios. Desea, pues, ser Cristo Encarnado. Desea ser entonces todo aquello para lo que tu Creador te ha creado, incluso si no tienes ni idea de lo que ello podría ser. Pues cuando albergas deseo dentro de tu ser, y cuando atraviesas el proceso de ser capaz de dominar la energía del deseo (y, de nuevo, dominio no significa control)… cuando hayas dominado la energía del deseo anclándola siempre en el deseo de ser tal y como has sido creado para ser, entonces, ciertamente, toda tu vida y todos los deseos subsiguientes o subsidiarios llegarán a servir a ese gran deseo.
Cuando alcances ese estado de ser, nada te resultará imposible. ¿Y por qué? Porque no eres tú quien lo hace. Eres meramente una parte del hilo en un tapiz cósmico que está siendo tejido por el Creador de todo en la Creación, y solamente Él sabe cómo tejer el tapiz de una nueva era, de un nuevo paradigma, de una sanación de este plano y de la humanidad. Y así, la primera etapa es, ciertamente, la del deseo. Y solo sintiendo deseo, y no suprimiéndolo, puedes verdaderamente comenzar a moverte hacia el estado de maestría en el cual la energía del deseo sirva ya siempre a la Voluntad Superior, que es la Voluntad de Dios para ti. Y, tal y como te hemos dicho antes, cuando tu voluntad esté alineada con la de Dios, descubrirás que la Voluntad de Dios para ti es que seas genuinamente feliz, de la cabeza a los pies –satisfecho, realizado, en paz, con poder, capaz, responsable.
El deseo, en el tiempo, se cultiva mediante la intención. Pues como ves, has usado el tiempo para enseñarte a ti mismo cómo distraerte con todos los pensamientos y percepciones que conforman esta sopa cósmica que llamas tu mundo. Y todo lo que has conocido es la frustración de tener un deseo, y, entonces, tan pronto como sales por la puerta, un amigo te detiene y te dice, Vamos a la playa.
Y al final nunca podías ir a clase, aunque lo que deseabas era obtener el grado. Has cultivado el arte de ser seducido por la distracción. Por tanto, es necesario utilizar el tiempo para cultivar la intención, pues sin ella el deseo no puede convertirse en la lente cristalina, en el haz de láser, con el que puedas atravesar toda la porquería de este mundo de tal manera que a través de ti pueda fluir una nueva creación.
La intención no es lo mismo que albergar un compromiso voluntarioso y fuertemente egoico de hacer que algo suceda. Porque La vía del corazón reconoce que no has sabido cómo lograr la realización que buscas en el nivel del alma, por la simple razón de que si lo supieras, ya la habrías logrado. En La vía del corazón la intención no significa matarte a trabajar y nunca tener un “no” por respuesta. Más bien significa que cultivas, en tus procesos de pensamiento, el arte de recordar para qué estás realmente aquí. Si estás aquí es para recordar que eres el pensamiento de Amor en la forma. Estás aquí para recordar que tú eres Uno con Dios. Estás aquí para recordar que eso que he llamado Abba, el Padre, aunque tenga muchos nombres, es la fuente de tu única realidad. Y que tú estarás viviendo en la realidad solo en el grado en que Aquel esté viviendo a través de ti.
Por tanto, la intención, en La vía del corazón, significa utilizar el tiempo de cada día para enfocar tu atención en el deseo de ser Cristo Encarnado. La intención es esa energía, o ese uso de la mente, que crea (mediante una práctica consistente) el canal, por así decirlo, a través del cual el deseo comienza a descender y reeducar al cuerpo emocional, e incluso a la estructura celular del cuerpo físico, y a todas las vías secundarias de pensamiento que tienen lugar en el intelecto –de manera tal que todo lo involucrado en tu ser resulta integrado, y trabaje conjuntamente enfocándose en la realización de ese único gran deseo, el de aceptar tu función en este mundo. Y tu función es la de sanar tu sensación de estar separado de Dios.
¿Cómo aplicar entonces la intención? Cada día, pues, y al igual que has usado el tiempo para enseñarte cómo ser fácilmente distraído, solo necesitas plantearte una cuestión, diariamente, ¿Qué es lo que deseo más?
¿Qué estoy haciendo en este planeta? ¿En qué estoy comprometido? Estas últimas son solo otras maneras de plantear la cuestión fundamental. Y a medida que te mantienes practicando, la respuesta se hará más y más clara. Porque, como ves, la pregunta es lo que predispone, estimula, da nacimiento, a la respuesta. Pues el Universo está siempre respondiendo a tus preguntas. Y, cuando preguntas de forma poco clara, obtienes respuestas poco claras.
Por tanto, hazte cristalinamente claro en tu intención y recuérdatela diariamente.
Mi intención es usar el tiempo constructivamente para reaprender lo que significa habitar en el Reino del Cielo y cumplir con mi función. Y mi función es la sanación. Y la sanación requiere la presencia de Cristo, porque solo Cristo puede expresar el Amor que da vida a la sanación.
El deseo y la intención –y en el campo temporal estas etapas se despliegan a medida que se madura en La vía del corazón–, el deseo y la intención, son críticos.
La tercera etapa del proceso por el cual la mente es plenamente corregida y regresa al hogar, es la del permiso. Pues el mundo egoico no te enseña a permitir, sino a esforzarte. Tú debes ser el creador y el ejecutor. Tú debes encontrar la manera de manipular o controlar tu entorno para que se ajuste a la imagen que albergas en tu mente. Y todo eso es adecuado y bueno, y hay muchos seres que aprenden ciertas lecciones valiosas siguiendo el camino de ciertos profesores que os enseñarán que podéis crear lo que sea que queráis. Y eso parece ser una gran cosa hasta que te das cuenta de que ya es lo que has estado haciendo todo el tiempo. Estás siempre creando exactamente lo que tú dispones que sea –y no es ni una gran cosa ni un secreto.
Pero habrá quienes te enseñen que, Bien, simplemente dirígete a tu mente, pregúntate qué es lo que quieres, y cuando veas la imagen de ese Mercedes, entonces simplemente realiza todos estos pequeños trucos mágicos y verás cómo muy pronto acabarás con un Mercedes.
El problema con eso, aunque puede ser una etapa útil, es que el intelecto, la parte mundana de tu mente, solo puede desear lo que ha sido programado para desear.
La parte mundana de tu mente dice, Bien, tengo que transportar mi cuerpo por este plano. Los automóviles lo hacen. El mundo me dice que un Mercedes es una gran manera de hacerlo, y por tanto crearé el deseo de querer uno.
Y cuando manifiestas el Mercedes, te engañas a ti mismo al pensar que has hecho un gran progreso cuando de hecho todo lo que has hecho es lo que siempre has hecho. Has elegido cómo será tu experiencia y la has manifestado. No hay nada nuevo en ello, aunque, al hacerlo, puedes comenzar a recobrar la confianza en tu capacidad de manifestar.
Pero en La vía del corazón se trata de algo más. El permiso, en este camino, significa que comienzas a ver tu vida de forma diferente. No se trata del esfuerzo en conseguir salir de la escuela superior para crear una carrera con la cual puedas crear monedas doradas, con las que puedas crear la casa apropiada en el ambiente apropiado, de tal modo que tu ego se sienta “exitoso” y, por tanto, “merecedor” de Amor. Sé honesto contigo mismo, ¿no está tu mundo construido sobre estas premisas?
Si tan solo pudiera conseguir que mi vida pareciera exitosa en mi entorno, entonces, sería aceptado, y entonces podría amarme a mí mismo, al menos un poquito. E incluso podría hacer que otros me amaran.
No es así en absoluto. La vía del corazón comienza con el reconocimiento de que ya eres amado por la única Fuente que importa, de que has venido con un propósito muy elevado que puede hacerse manifiesto a la manera del mundo, pero que no es del mundo.
El permiso, entonces, es el cultivo de una manera de contemplar los eventos de tu vida no como obstáculos interpuestos entre tú y lo que tú quieres, sino como peldaños que te presentan la bendición de las lecciones requeridas para sanar los obstáculos –no hacia el éxito, sino hacia la presencia del Amor en tanto que la fuente y la base de tu ser. En la etapa del permiso, entonces, comenzamos a cultivar la aceptación de todo lo que hay en nuestra experiencia. Comenzamos a ver que, como hemos asumido el compromiso de despertar y de encarnar solo a Cristo, el Universo ya está conspirando para traernos a nuestras vidas la gente y los eventos, minuto a minuto, que mejor nos puedan dar exactamente aquello que más necesitamos aprender o aquello de lo que más necesitamos tomar consciencia.
Y así, se nos envían mensajeros. Un mensajero puede venir bajo la forma de alguien de quien te enamoras, habiendo algo que aprender de ello. Podría ser que estuvieras bloqueándote el sentimiento de Amor por otra gente, y que ahora, finalmente, llega el estallido que derriba la puerta y ya no puedes sino sentir ese sentimiento. El mensajero podría ser alguien que llega como el grano de arena en la perla que provoca una fricción dentro ti que te saca de tu sueño, y te das cuenta de que has estado operando desde algunos patrones muy disfuncionales, y que has tenido que encontrar un mejor agarre, por así decirlo, para captar la Verdad de quien tú eres. Puede ser que necesites aprender a expresar mejor tus sentimientos. Puede ser que necesites una mayor aceptación de tu propia creatividad. Te llegará algo, a través de tus mensajeros, que hará que finalmente seas responsable y honesto sobre dónde te encuentras.
Por ejemplo, si piensas, Bien, nunca más me enfadaré. Después de todo, soy una persona muy espiritual.
Simplemente me saldré del seminario, pues ya lo sé todo. Así que sí, simplemente viviré en éxtasis divino.
Y comienzan a suceder cosas. Quizás… mmm… –usaremos esto como ejemplo– quizás una pareja gay se vaya a vivir a tu vecindario, y entonces descubres que tienes unas percepciones muy arraigadas que dicen que hay algo equivocado en esa orientación sexual. Son mensajeros, enviados a ti por el Universo, para empujarte a mirar más adentro.
El permiso es entonces el cultivo de una cualidad de discernimiento en la que descansas al reconocer que tu vida ya no es la tuya propia, para poderla dirigir y controlar, sino que más bien se la devuelves a la Fuente de tu propio ser, a esa profundidad de sabiduría en lo más profundo del océano que sabe la mejor manera de brindarte lo que se requiere para sacar la porquería de tu consciencia, y así poder soltarla.
El permiso cultiva la confianza. El permiso es la manera en que la intención y el deseo llegan a trabajar cada vez más plenamente en la tercera dimensión de tu experiencia –el campo temporal. El permiso es una sumisión, pero no es una sumisión ingenua. El permiso cambia tu percepción del mundo que ves a tu alrededor.
Comienzas a darte cuenta de que realmente no vives en un mundo real, en absoluto. Vives en un mundo de vibraciones y energías que opera por la Ley de la Atracción, resonancia. Y comienzas a estar dispuesto a permitir que ciertas cosas salgan de tu vida, incluso familia y amigos, confiando en que, debido a tu deseo e intención, lo que se desvanece en tu vida debe estar bien así, ya que será reemplazado por nuevos patrones vibratorios que llegan en forma de mensajeros –eventos, lugares, personas y cosas– que pueden llevarte por la espiral ascendente del despertar.
El permiso conlleva dar paso a las etapas iniciales del cultivo de la humildad y el reconocimiento de que debes finalmente someterte a algo más allá del intelecto y del control de la parte egoica de la mente –ya que el creador y el ejecutor que ha intentado hacerlo todo es algo finalmente reconocido como inadecuado.
Al madurar esas tres etapas, descansas en la etapa final, la de la rendición. Y esto significa que ya no hay inquietud. La rendición significa que sabes, a través de cada fibra de tu ser, que no hay nadie aquí viviendo una vida, sino que se trata de la Vida fluyendo a través del cuerpo-mente, de la personalidad, en tanto que esta dure. Ahora es donde se ve culminada o completada la transformación mística. Es ahora cuando entiendes el significado de la enseñanza, Vivo, pero no soy yo, sino Cristo quien mora como yo mismo.
La rendición es una etapa cuyo cimiento es la paz perfecta, pero no para la pasividad, no para la inactividad, sino para incluso más actividad.
Te encuentras a ti mismo, mientras estás en el mundo, estando cada vez más ocupado, con más y más cosas que hacer. Te haces incluso más responsable. Y finalmente llegas a ver que, como eres Cristo, eres responsable de toda la Creación. Y no puedes tener un solo pensamiento sin perturbar a la más lejana de las estrellas. Es de esa responsabilidad de la que has dimitido encogiéndote e intentando contenerte a ti mismo en un diminuto pedazo miope de espuma, y todo porque has temido ser responsable por todo.
Pero La vía del corazón corrige tu percepción, en la cual llegas a reconocer que tu mayor alegría, tu mayor realización está en la plena y deliberada aceptación de la responsabilidad por toda la Creación. ¿Por qué? Porque repentinamente constatas que no eres el creador y ejecutor, y que puedes aceptar la responsabilidad por cada cosa y por todo, porque todo el poder del Cielo y de la Tierra está hecho para fluir a través de ti para manifestar el Amor de Dios. Así, dicho brevemente, está en manos de Dios, no en las tuyas. Luego entonces,
No se haga mi voluntad, sino la Tuya.
¿Comienza esto a tener sentido para ti? ¿Ves cómo cambia el modo en que has sido enseñado a interpretar mis enseñanzas?
El deseo, la intención, el permiso, la rendición –pero una rendición hacia una manera de ser que el mundo nunca puede reconocer. Es rendirte a una manera de ser en la que puede que nunca recibas eso que llamas en tu mundo un Óscar por tu actuación. Pero es una manera de ser en la cual tu consciencia se abre totalmente a tu unión con toda la Creación. Y hablarás con una hoja según cae del árbol. Verás el alma del gatito que cuidas. Y hablarás con ángeles y maestros. Te verás involucrado en reuniones en las salas superiores cósmicas de conferencias.
Y sabrás que el cuerpo-mente que una vez pensabas que era tuyo, es poco más que un recurso temporal de enseñanza, una herramienta a ser tomada y utilizada bajo la dirección de Dios, y a ser dejada de lado cuando su utilidad termine. Así es que incluso cuando llegue el tiempo de atravesar esa transición que conoces como muerte, nada perturbará tu paz. Y, cuando el cuerpo muere, eso simplemente significa que tu atención comienza a liberarse por sí misma de él –igual que cuando la mano de un carpintero es liberada de manejar el martillo, y este simplemente se deja sobre la mesa y el carpintero se va a cenar olvidándose de él. Serás capaz de observar incluso el proceso que tu mundo llama muerte con total ecuanimidad y gozo.
Verás a tu espíritu desprendiéndose del cuerpo. Observarás que este se desmorona en lo sin vida, de tal modo que toda tu atención se enfoque en una dimensión completamente nueva, en una dimensión que es tan vasta que serás capaz de mirar hacia el plano de la Tierra de una manera no muy diferente a como podrías mirar una piedrita en la palma de tu mano, y, en un rápido vistazo, verlo todo sobre ella sin que haya nada que se oculte a tu mirada.
Responsabilidad. Soy alguien que ha elegido asumir la responsabilidad por la piedrita llamada Tierra y por toda la vida que mora ahí. Tú también conocerás cómo es esa energía y la realidad de rodear con tus dedos todo el sistema solar y convertirte, digamos, en el Dios o el Salvador de esa dimensión. Y todo comienza al elegir tomar la responsabilidad por tu piedra, tu dominio, tu sistema solar, tu dimensión personal. Y eso, de nuevo, comienza al decir, Yo, y solo yo, soy la fuente de lo que experimento y percibo. No soy una víctima del mundo que veo. Y todo lo que experimento lo he invocado hacia mí, lisa y llanamente –sin excusas, sin “y si…”, sin “peros”. Es de la manera en que es.
Y se irá tu inmadurez, tu resistencia, para entonces simplemente ser responsable de tu experiencia.
La vía del corazón cultiva entonces una madurez del deseo, la intención, el permiso y la rendición. Y no hay ninguna característica de mayor importancia que esa que ya hemos mencionado, la de la humildad. No la humildad fingida que se enseña en ciertas religiones del mundo, sino una genuina. Pues la humildad no significa que, cuando te encuentras ante un grupo de gente aplaudiéndote, vas y dices,
Oh, ¡uf! no tenéis por qué hacer esto, no es para tanto.
De modo que puedas parecerles humilde cuando interiormente estás diciendo, Oh, Dios, ¡se siente tan bien! Aplaudid un poco más alto, un poco más. Pero esto no os lo diré.
¿Reconoces este tipo de humildad? ¿No es este el tipo de humildad que te enseñaron en la escuela?
Mmm. Se te decía que no te golpearas el pecho, diciendo, ¡Sí! ¡Gracias! Sabéis, creo que realmente estoy haciendo bien esto ahora.
Se te enseñó que eso no estaba bien. La humildad genuina fluye del reconocimiento bien asentado de que tú no puedes salvarte a ti
mismo, de que eres creado y no Creador, de que eres efecto y no causa (en un sentido absoluto), de que algo llamado Vida no es tuyo, de que hay algo que está más allá de tu capacidad de controlar y comprender intelectualmente. Y si ese algo decidiera alguna vez dejar de amarte [chasquido de dedos], dejarías de existir, pues sin importar cómo de hondo te encuentres dentro de la profundidad de Dios, y sin importar lo profundos que sean tu discernimiento y tu consciencia de la unión con Dios, lo que Dios es, estará siempre más allá de tu creciente capacidad de entender a Dios. Es como un Océano de Profundidad Infinita. Y cuando te das cuenta de que, esforzándote tanto como podrías hacerlo, tu yo, tu pequeño yo, nunca podría abarcar esa Fuente, descansarás en la humildad, la humildad genuina.
Y esto, ¿por qué importa tanto? Porque, y subraya bien estas palabras, porque según progresas por el camino de La vía del corazón, según disuelves y debilitas los grilletes de tu mente, según se sanan y se resuelven los conflictos interiores, según comienzas a aceptar la abundancia que el Padre te quiere otorgar en todos los niveles de la vida y todos los niveles del sentimiento y de la percepción, según comienzas a degustar la magnificencia y la grandeza que querrían fluir a través de ti, descubrirás que los “enemigos” se hacen más sutiles. Cada niño ve a sus padres, en cierta etapa, como sus enemigos, ¿no es así?
¿Qué quieres decir con que no puedo sacar el automóvil esta noche? ¿Qué significa eso de que tenga que estar en casa a las 10:00 de la noche?
Los padres se convierten en enemigos.
Pero este es un nivel muy inmaduro y elemental. Según avanzas cada vez más hacia la maestría, serás enormemente tentado a creer que ya está lograda. Te verás enormemente tentado a creer que, Yo ya puedo hacer esto. Las oraciones que solía hacer cuando comenzaba, los ejercicios simples de consciencia que utilizaba cuando comenzaba en mi camino, ya no los necesito.
He dominado eso.
Siempre que escuches una voz en ti mismo diciendo, “conseguido”, debes estar seguro de que no es así, y que estás en peligro de perder lo adquirido.
La humildad es el reconocimiento de que cuanto más te dirijas hacia la maestría, más existirá el deseo de disciplina y vigilancia. La disciplina no significa hacer algo duro que no te gusta hacer. La disciplina es como la habilidad de un artista que la cultiva y la refina simplemente desde el profundo deseo y deleite de crear más bellamente, y eso es todo. Disciplinar un músculo es lo que hace un atleta para que este trabaje incluso más bellamente que el día anterior, y desde el puro deleite de extender una mayor belleza al mundo.
Por tanto, la disciplina que se requiere para la mente es la de reconocer que, mientras el cuerpo dure y de hecho tú permanezcas existiendo, las creaciones de consciencia que son desemejantes al Amor han creado todo un conjunto de patrones vibratorios que simplemente estarán encantados de empujarte hacia abajo. Es el reconocimiento de que puede ser un deleite repetir conscientemente la decisión de enseñar solo Amor, y elegir selectivamente los patrones vibratorios en tu consciencia, siendo admitidos en ella solo los que reflejen la Verdad, la belleza y la valía de quien tú eres.
El juicio no puede reflejar esa Luz. La ira y el odio no pueden hacerlo. El miedo y la paranoia, el miedo al rechazo, el miedo a las opiniones de otros –tales vibraciones nunca pueden reflejar la majestuosidad, la grandeza, la magnificencia de tu Ser. Por tanto, entiende bien que la humildad es algo absolutamente esencial. Pues, paradójicamente, según la grandeza es expresada a través de ti, todavía tendrás la tentación de permitir que las energías egoicas establezcan su hogar en tu mente. Y la voz del ego dirá,
Tío, eres realmente todo un maestro, ¿lo ves? Realmente mereces toda esta adulación. ¿Por qué no te quedas el diez por ciento para ti mismo?
Un maestro acepta el Amor ofrecido, la gratitud ofrecida por aquellos a quienes sus enseñanzas han tocado, y ofrece todo eso a Dios, reconociendo que solas, todas esas cosas, no podrían haber sido hechas. Yo también aprendí a ser tentado. Y cuando aquellos enfermos que llegaban hasta mí encontraban la sanación en mi presencia, era muy tentador decir, Sí, mira lo que he hecho. Realmente me lo he ganado. Estuve cuarenta días y cuarenta noches en el desierto. He ido a la India y al Tibet. He estado en Inglaterra. Estudié con todos los maestros de Egipto. Sí, realmente merezco ser considerado un sanador y un profesor.
Pero aprendí, mediante la humildad, a recordar la simplicidad de que, por mí mismo, no puedo hacer nada. Cultivé en mí mismo el arte de ser siempre un estudiante del Amor, y no el profesor del Amor, que cree que ya lo ha conseguido solamente por tener muchas letras detrás de su nombre. Así que, como ves, a medida que progresas y que permites que fluya más abundancia del Amor de Dios a través de ti, ves que comienzas a levantarte por encima de la multitud, y ves que comienzas a atraer a aquellos que quieren la Luz. Y según sucede esto, debes practicar la disciplina y la vigilancia recordando siempre la humildad, hasta que te encuentres recordándola con cada respiración.
¿Y por qué? Si estás viviendo en este mundo y sientes que nadie te busca, que nadie te toma como autoridad, solo hay una razón. Te has resistido a la Verdad de tu ser, y a través de la negación has alejado la Luz de Dios debido a tu miedo, debido a tu bien arraigado miedo a parecer diferente del resto de los demás. Y el mundo te querría enseñar a ser un esclavo de modo que encajes en él y no arrugues las plumas de nadie27. Pero a medida que te llenas de poder, la manera en que vas a reconocer que eso es lo que está sucediendo es al ver que cierta gente no te querrá. Les pondrás nerviosos solo por caminar por la misma habitación, porque la oscuridad aborrece la Luz. Es así de simple.
La humildad es absolutamente esencial. A través del portal de la humildad, la Luz del Poder puede ser encendida a través de ti, y cada vez con un mayor voltaje. Y si ese voltaje no parece estar fluyendo a través de tu mente, mira bien para ver si estás recordando la humildad y entregándote a ella. Porque la Luz de Dios solo puede brillar a través de ti en el grado en que estés dispuesto a tomar responsabilidad por ella, lo cual implica entregar los frutos de regreso a su Fuente, y no reclamarlos como los tuyos propios. Y cuando no reclamas nada para ti mismo, todas las cosas pueden fluir a través de ti. Y el Espíritu Santo puede reunir millones de seres en muchos planos para que lleguen hasta ti, porque sabe que no distorsionarás el Amor de Dios usurpando la posición de Dios, poniéndote tú mismo en el trono.
La humildad es una característica principal a cultivar. Por tanto, cuando reces, ciertamente pide grandeza. Permite que el Padre sepa que estás preparado para que encarne la plenitud del Cristo, y simplemente mantente en la promesa de recordar para siempre que tú no eres el creador y el ejecutor. Eres meramente quien ha llegado a reconocer que solo el Amor de Dios puede llenarte a ti como alma. Solo la realización de tu propósito de ser un canal para el Amor puede brindarte el éxito que realmente buscas. Cuando estés plenamente comprometido a eso, antes que a pensar en las opiniones de los demás, entonces, ese Poder puede comenzar a moverse a través de ti.
Cuando estés dispuesto a soltar el mundo, el Cielo vendrá para reemplazarlo. Cuando estés dispuesto a soltar tu necesidad de grandeza egoica, la verdadera grandeza comenzará a derramarse a través de ti. Hay una paradoja en el Espíritu. Aprende a discernirla. Hazte un maestro en ella. Y nunca descuides la necesidad de disciplina, apoyándote en el cimiento de la humildad. Ves, esto es lo que ha provocado que le temas a la energía del deseo, pues en el pasado (y eso puede estar muy lejos), has decidido averiguar cómo sería permitir que todo ese poder fuera reclamado como el tuyo propio –para ser usado al servicio de la voz del ego. Y de eso es de lo que tienes miedo. Pero si cultivas esas etapas y las transitas con humildad, nunca necesitarás temer el mal uso del deseo.
Por tanto, en tus oraciones, recuerda tan a menudo como puedas que lo que tú decretas, es. Así que habla claramente contigo mismo.
Fuente, Creador, Dios, Diosa, Todo Lo Que Es, Abba, estoy preparado para ser lo que Tú me has creado para ser. Elijo recordar que soy efecto y no causa. Que se haga Tu Voluntad, sabiendo que Ella es mi plena felicidad. Revela entonces esa vía a través de la cual puede ser conocida dicha felicidad. Porque mi manera nunca ha funcionado, pero la Tuya siempre lo hace. Entonces recuerda cada día la energía del agradecimiento. Es adecuado y bueno agradecerse y apreciarse, unos a otros. Pero, en la privacidad de tu propia meditación y oración, aprecia y agradece cómo el poder de esa Fuente de Amor que he llamado Abba o Dios, está viviendo y moviéndose y respirando para traerte la gente, los libros, los profesores, las experiencias, que están desplegando suavemente el capullo del ego alrededor de ti, despertándote a la Verdad, y la belleza, y la majestad, y a la magnificencia y la grandeza que la Vida, en Sí Misma, es –y que quiere respirar a través de ti tan mágica y poderosamente como lo hace con una tormenta atronadora, o con una hoja en un árbol, o con el brillo en los ojos de un recién nacido.
Esa Vida es lo que tú eres. Esa Vida es la presencia del Amor de Dios, la Profundidad del Océano brotando en las Olas de la Creación. Permite por tanto que la Vida sola sea tu guía en todas las cosas, y descansa en agradecimiento ante el Misterio Infinito que la Vida es, y di sí a ello. Di sí a la Vida, para que puedas estar dispuesto a permitir que su clara plenitud te traspase y te lleve a una mayor profundidad de entendimiento y comprehensión de todo lo que Dios es. Y, ciertamente, si percibes adecuadamente la humildad, permanecer en la consciencia de la humildad divina es la más dulce de las experiencias que alguna vez puedas tener.
Muchos entonces os acordáis de mí y decís, ¡Oh! Allá donde está Jeshua, allí sí que me gustaría estar. Piensas un pensamiento y ya estás con alguien. Piensas en algo, y ya estás en ese universo. Nunca tienes que parpadear porque no tienes ojos.
Te aseguro que yo habito en una frecuencia vibratoria con muchos, muchos otros seres, cuya consciencia nunca vacila ni un solo instante en estar en un profundo agradecimiento y humildad ante el Misterio de Todo Lo Que Dios Es –el gran deleite de saber que vivimos, pero que no vivimos nosotros, sino nuestro Creador, que vive en tanto que nosotros. La única diferencia entre ser un maestro y ser un estudiante es que el maestro ha dominado el arte de ser siempre un estudiante. Piensa sobre ello.
El deseo, la intención, el permiso, la rendición –¿qué es lo que realmente quieres? ¿Estás dispuesto a sentirlo, y permitir que ese hilo de deseo te lleve a casa? ¿Puedes recordar usar el tiempo constructivamente enfocando tu intención, recordándote para qué estás aquí realmente? No estás aquí para sobrevivir, estás aquí para vivir como la Verdad de quien tú eres.
El permiso: no una aceptación pasiva de las cosas tal y como son, sino un reconocimiento de que algo muy bello está en marcha. Hay una Inteligencia, un Amor que te conoce mejor que tú mismo, y que te está presentando, minuto a minuto, joyas, gemas, lecciones y bendiciones... entretejiendo el tapiz de tu vida, sin que nada suceda por accidente.
La rendición: el cultivo del reconocimiento de que tu felicidad solo puede encontrarse al someter tu voluntad a la de Dios. Porque la tuya ha sido la de estar en conflicto, lucha y limitación. La Voluntad del Padre es que vivas sin conflicto, en paz, con alegría, realización y felicidad –eso que se llama éxtasis.
La humildad: si alguna vez te preguntas cómo anclar tu discernimiento en la humildad, detén lo que estés haciendo y pregúntate esto, ¿Yo me creé a mí mismo? Sabrás muy bien que la respuesta es, No, ni siquiera sé cuándo fui creado. Algo me concibió. ¿Qué es?
Eso te conducirá muy rápidamente a la humildad. ¿Sabes cómo concebir una estrella? ¡No! ¿Sabes cómo hacer que surja una hoja de un árbol? ¡No! ¿Incluso sabes cómo levantar tu mano de tu regazo? ¡No! ¿Qué es lo que sabes entonces? ¡Nada! Permítete entender que no sabes nada. Y en ese estado de divina ignorancia, descansarás en una humildad que finalmente le permite a tu Creador moverse a través de ti y revelarte todas las cosas.
Así, queridos amigos, La vía del corazón es esa vía que corrige la percepción y te brinda una mentalidad correcta, de tal modo que ya no seas el creador, el ejecutor y el director. Tus opiniones te parecerán algo absolutamente insignificante. Y desde un grandioso vacío descubrirás una paz perfecta. Y la Vida te llevará sobre Sus alas. Y a través de ti, la Vida expresará, cada vez en una mayor dimensionalidad, el exquisito e infinito Amor, Poder y Creatividad que Dios es, hasta que jures que Dios es todo lo que hay. Y no encontrarás ni rastro de ti mismo en ningún lugar. Si la iluminación es el final de la separación, ¿cómo puede haber un creador y ejecutor? ¿Puede la ola dirigirse a sí misma? El ego es el intento de hacer eso, y siempre fracasa.
La paz sea entonces con vosotros siempre. Permite que la paz inunde tu ser en todo momento. Y reconoce que estás a salvo en el Amor de Dios que surge de esa gran Fuente de misterio, que querría moverse a través de ti con cada respiración que tienes y con cada palabra que dices, hasta que solo escuches ese ímpetu de la guía que mana desde lo más profundo de tu ser como una Suave Voz en la que confías completamente. Y conocerás la libertad que buscas.
Y con esto, nosotros, ciertamente, os dejamos por ahora. Aunque no vamos a ningún lado, ya que vosotros ya estáis donde nosotros estamos. Confía en esto. Reconoce esto. Cuenta con esto. Y explora La vía del corazón. Y con esa exploración, llegarás a conocer la Verdad del Amor.
Estad por tanto en paz, queridos amigos.
Amén.
